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LA LIBERTAD ES EN CANAÁN


5 – El amor perfecto destierra el miedo


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él. Estos versículos de Juan 3-16/17 a menudo están sujetos a una interpretación limitada debido a que sus escritos precedieron a los casi 2000 años del desierto, durante los cuales cualquier ser humano podía aspirar a revestirse de la naturaleza de Cristo solo en los cielos, que ya no es el caso hoy. No se trataba todavía de entrar en Canaán y de la conquista del Amor divino, ya en esta tierra, además de la vida eterna y muchos son los que se quedaron en esta visión de acceso al Amor divino sólo en los cielos, por no haber vivido la experiencia por sí mismos o por falta de habérselo enseñado.

Esto es lo que les trae miedo a este "nuevo mundo", por la perdición hacia la que creen que los está tratando de conducir, de la cual quieren protegerse a toda costa. Es casi tener miedo a la propia sombra, ya que este mundo sólo representará lo mejor de lo que hoy puede aparecer de nuestro viejo mundo, si sabemos llevarle la buena gestión sustentada por el SEÑOR en Jesucristo. Esta es la imagen que debemos guardar de Josué y los ancianos que no abandonaron la conquista de Canaán, volviendo al otro lado del Jordán en Josué 7.

Jesús no vino a juzgar a este viejo mundo, como la ley le dio autoridad a Satanás, sino a salvarlo ya en esta tierra, no en un mejor manejo de la lógica bajo tutela, correspondiente al viejo mundo que Jesús no vino a salvar, sino para salvarlo por el Espíritu Santo, correspondiendo al nuevo mundo.

Si el Espíritu Santo no fue introducido directamente en el ser humano en tiempos de Adán y Eva, es por todas las etapas de aprendizaje por las que tuvo que pasar la humanidad para finalmente obtener el resultado correcto. Así llegamos progresivamente al reino de los sacerdotes en el que cada uno tendrá un sistema emocional enteramente edificado sobre el Amor divino, pero para eso debemos atravesar la penúltima etapa durante la cual Jesús reinará sobre la tierra y en el cielo, después de que Satanás fuera proyectado sobre tierra como un ángel de luz. Entonces intentará hacer reinar la ley divina, como en su nombre, pero enterrado en la mentira, intentará dominar el mundo sin ninguna consideración ni amor.

Si después de estos días supuestamente muy difíciles, aún no ha llegado todo a la perfección, es porque muchos sólo habrán recibido en su corazón a Jesús, cuya obra de reescritura de la mente para muchos ni siquiera habrá comenzado. Por lo tanto, su implementación de cualquier acción permanecerá más o menos construida sobre los valores de la lógica actual en el cerebro de muchos y esto equivale a decir que para la generación que seguirá estos días dolorosos, si todo habrá cambiado, nada realmente no será muy diferente.

Este nuevo mundo, por lo tanto, no será inmediatamente diferente y la vigilancia excesiva, vinculada a la inteligencia artificial supervisada por humanos y no por Dios como es el caso de este guardián represivo, obviamente deberá ser administrada por la Esposa y ya no por la iglesia, pero a cada uno le tocará, con la ayuda de Jesús, superar las dificultades que presentará este nuevo mundo, gracias a su comunión con el Espíritu Santo. A lo que debemos permanecer apegados por nosotros y nuestra descendencia, por lo tanto, es no abandonar la fe en la vocación de Cristo y la reconstrucción en el Amor divino de todas las partes de nuestro sistema emocional aún no reescrito, cuya vocación está ante nosotros desde 1948, luego 1967/68.

En lo que se refiere a la vida cotidiana, será sin duda por consiguiente, como en el tiempo de cada trastorno espiritual que fueron los tiempos de las dispensaciones pasadas, porque si cada vez Dios mostró su voluntad a través de unos pocos y muchas veces uno solo, tales como Abraham, Se utilizó Moisés o Jesús, tanto el trabajo individual es relativamente corto, tanto el trabajo colectivo es largo y lleno de vicisitudes. La diferencia entre la vida de hoy y la de mañana no será ciertamente más visible que en los tiempos de Adán y Eva, que ni siquiera sabemos situar históricamente con perfecta exactitud, como lo fue del nacimiento de Jesús y su Crucifixión, cuando ésta fue la mayor Victoria espiritual de todos los tiempos.

Sea como sea que imaginemos los tiempos futuros, lo importante será, pues, la perseverancia de confiarse en nuestro Dios de Amor, pues Él permanecerá invariable. Si en los tiempos de la proyección de Satanás sobre la tierra, será el cansancio extremo de pelear la buena batalla, que será la más difícil de vencer, durante los siglos que seguirán será el olvido de Dios, ligado a una cierta comodidad de vida al detrimento de la fe, que requerirá perseverancia.

En cualquier caso, es precisamente la visión personal que cada uno tendrá del SEÑOR Dios la que será el motor de sus buenas reacciones en Jesucristo o de las malas provenientes del recuerdo de la vieja lógica y de su tutor represivo. Es así que ya hoy se hace fundamental en Cristo dejarse llevar por el amor y no por el miedo, ni siquiera el de Dios. Si el temor de Dios es justo para todos, nunca debe exceder el inmenso e infinito respeto a Dios, que el amor de aquel a quien amamos ya quien deseamos satisfacer, más allá de nuestros propios intereses y de todos nuestros miedos. Es pues en esto que el Amor perfecto destierra el miedo, porque cuando no es perfecto conduce al miedo, ya sea de nuestro futuro o de la amonestación.

El temor de Dios está justificado para quien se niega a dar razón al Amor divino en Jesucristo y prefiere el método fuerte tratando de conservar una apariencia de amor, ya sea en una forma de fundamentalismo de la iglesia, o porque éste confunde con Dios, el tutor represivo puesto por nuestro Creador sobre el homo sapiens, para instruirlo en el respeto de su genética.

Esto quiere decir que seamos hombres o mujeres, iglesia o sociedad, o pueblo de Israel entre las naciones, llega un día en que debemos saber responder favorablemente al llamado de Dios para entrar en nuestra propia Canaán y desterrar el temor, aunque guardando este inmenso e infinito respeto a Dios nuestro Creador y su creación de la cual todos somos parte de ella.

En el día en que todos tengaran un sistema emocional inscrito en la naturaleza divina, que les permitira no exceder nunca su vocación genética, entonces no habrá hombre ni mujer en la tierra, y todos serán libres para amar, sin temor de ser abandonado o abusado. Será entonces la verdadera liberación de la mujer, no porque haya desatendido su genética, como vemos en la teoría de género, sino en el perfecto cumplimiento de su vocación, como lo será con la iglesia e Israel. Dios habrá levantado los respectivos roles de cada uno ya que todos podrán Amarse plenamente y todos juntos dar Gloria a nuestro Dios de Amor.

Esta es allí la esperanza que hará posible atravesar los tiempos venideros, ya sean los tiempos difíciles que se avecinan al mundo, ya sean los siglos de perseverancia que seguirán hacia la última etapa y el perfecto cumplimiento del Amor divino en cada ser humano.

Por eso la obediencia a Dios por el Amor prevalecerá siempre sobre la obediencia por el temor, porque si el temor no permite entrar de lleno en el Amor, el Amor perfecto trae la justa dosis de respeto, situada precisamente antes del miedo y permite gestionar bien la conciencia en una completa libertad.

¡A Dios sea toda la Gloria por los siglos de los siglos! ¡Amén!