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5 - La conquista del Amor divino está en Canaán


Si la conquista del Amor divino pudiera parecer más fácil desde una lógica bien estructurada como la de la esposa lo está más concretamente, sobre todo cuando ésta recibe el apoyo del esposo por amor, sería omitir la naturaleza de la lógica que generó este amor, del que nadie puede extraer la referencia real del Amor divino en él, al nivel de la salida del desierto. Si cada uno posee efectivamente la palabra de Dios que le lleve a corregir adecuadamente la programación realizada sobre la base de la lógica bajo supervisión, para producir cualquier forma de acción, cada uno se ve obligado, sin embargo, en este nivel, a usar su CE para corregir esta programación en al mejor, de acuerdo con la interpretación personal que hace de ella. El que necesita la menor corrección de su programación es así, el más asegurado en el buen uso de lo que para él representa el Amor divino y es en esta aseguración que la comunión con el Espíritu Santo, en la buena gestión de cada uno a la “salida del desierto”, lleva a una llamada divina a las parejas, idéntica a la del pueblo hebreo durante su propia salida del desierto.

Aquellos, cuyos hombres y mujeres se estructuran sobre una buena programación de su lógica inicial, están por tanto llamados a invertirse en la iglesia y ambos están mantenidos en su modo de operación por dominación de sus deseos limitados por el miedo, a fin de servir de referencia para otros para respetar la Palabra de Dios. Como los instalados al este del río Jordán, sirvieron de apoyo a los llamados a entrar a Canaán, esta referencia ciertamente no es perfecta y genera múltiples iglesias, pero corresponde al mejor manejo posible desde la lógica bajo tutela, liderada por Dios en Jesucristo, sobre las bases del Canaán de ayer. La adición de las especificidades de cada uno en estas parejas, consolida su antiguo sistema emocional en el respeto a la palabra de Dios, pero dificulta que se den cuenta de la necesidad de reescribir en ellos lo que hemos llamado monitoreo parental. Para los demás, que por tanto son llamados por Dios a entrar en la conquista de su "tierra santa", sólo la mujer permanece idéntica a la iglesia en este modo de funcionamiento, por su mayor precisión en permanecer en los valores de su genética. El marido es entonces llamado a gestionar por amor, sin dominar sus deseos por los coeficientes correctores de su CE, para resaltar la mala programación y convertirse en vencedores de ella. Si la conquista de Canaán se hizo ayer con el apoyo de los asentados al este del Jordán, la referencia necesaria para la conquista de Canaán hoy en el Amor divino, por lo tanto, sólo se puede hacer con respecto a la Canaán de ayer, de la cual la mujer y la iglesia se convierte así en guardiana de estos valores al igual que Israel, porque Jesús no vino a abolir la ley sino a cumplirla.

Así como Dios no hizo que la conquista de Canaán se llevara a cabo de una vez, no permite que todo el sistema emocional de este esposo se trastorne instantáneamente, sino que lo lleva gradualmente a cubrir toda su estructura emocional en este nuevo modo de operación por amor. Está entonces llamado a detectar gradualmente la mala programación que lo lleva al mal acto con la emoción justa ante la situación que vive y así Jesús lo lleva a revisar, si es posible, todo su sistema emocional. Después de cada toma de conciencia de la mala acción programada, es por lo tanto en la verdadera grandeza de la tentación de pecar, que su único libre albedrío debe apelar a Jesús para que no produzca esta acción, a fin de abrirle los derechos de reescribir en la naturaleza divina, la acción correspondiente a la emoción correcta.

Ya no estamos en los tiempos del Antiguo Testamento en los que era el pecador quien era eliminado para eliminar el pecado, pero el cumplimiento físico, que el Antiguo Testamento representa como préfiguracion del cumplimiento espiritual del Nuevo, es tanto más importante desde que la parte programada de nuestro sistema emocional que llamamos "nosotros", es lo que debemos hacer morir con la ayuda de Jesús.

Si la cosa puede parecer sencilla, no lo es en absoluto en la lucha real por la conquista del Amor divino, porque está en su sinceridad que cada uno queda atrapado por lo que posee, como lo fueron los hebreos guiados por Josué. Si las primeras tribus se habían instalado rápidamente al este del Jordán, no fue así con la toma de Canaán a través de la cual el SEÑOR tenía con objetivo de hacerlos respetar con sus reglas con precisión y esto va desde incluso para el esposo llamado por Dios en esta conquista. Si empleamos generalmente el futuro, cuando hablamos del hecho de que solo quedará el Amor; desde la Crucifixión, sólo este Amor permanece como primer objetivo para el esposo llamado por Dios a conquistar su “tierra santa”, aunque sea imprescindible que respete la Palabra de Dios sobre el valor de la Canaán de ayer, para adquirir su naturaleza divina. Si como cualquier ser humano, hasta entonces se vio obligado a corregir su amor egocéntrico, por la acción de su CE, para hacer aceptable la acción resultante, el día en que este CE debe ser usado en su valor mínimo, un resultado similar obviamente se vuelve totalmente impráctico sin cometer un error. Sin embargo, no se trata de tentarlo a equivocarse de que Jesús lo conduzca de esta manera, pero es por un lado para resaltar la acción programada escondida por su buena voluntad y por otro lado debido a la reescritura de esta programación en la naturaleza divina, que sobre todo no tendrá que ser corregida para permanecer en conformidad con esta naturaleza divina.

La palabra "conquista" puede parecer por sí sola una aberración en relación con el Amor divino, ya que el SEÑOR Dios dio a su Hijo unigénito para que quien crea en Él no perezca, pero que tenga la vida eterna y que Él ofrezca esta vida a cada uno de ellos que quieren seguirlo. Si esta conquista está necesaria sin embargo, no es que Jesús no quiera dárnosla, pero porque corresponde al borrado de lo que hemos llamado el "monitoreo parental" de este tutor represivo.

El que es llamado por Dios a esta conquista, es entonces llevado a llevar la lucha contra lo que este tutor y su lógica han construido en él y que hasta entonces tenía que corregir lo mejor que pudo con su CE. Mientras la emoción lo llevaba a un sentimiento cuya la programación era suficientemente corregible para producir la acción correcta de acuerdo con su interpretación de la palabra de Dios, entonces la persona podía actuar en toda verdad individual. Si, por el contrario, esta programación no conducía a una acción contenida dentro de un buen rango de uso por su único CE, ya no era la acción la que tenía que corregir, sino el sentimiento mismo. Esta elección de sentimiento lo llevaba a tener que influir en su emoción inicial hacia una que iba a permitir le usar otra programación, y en eso una falsa verdad. Su cerebro entonces tenía en cuenta de esto, en unos contextos más que en otros, pero producía  las falsas verdades que Jesús quiere reescribir y por eso nos dijo: ¡Y la verdad os hará libres!

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El empleo por amor en toda la verdad emocional del interesado, sin corrección por su CE en la edad adulta, lo coloca por tanto frente a su construcción inicial a la que su cerebro había aprendido progresivamente a corregir el error en la mayor parte de su vida. En cada situación similar a la previamente corregida por su CE, si no recurre a la ayuda de Cristo, como veremos pronto, solo le son posibles dos resultados: O tendrá que volver a la corrección por su CE y su antiguo sistema, como Josué y los ancianos estuvieron tentados a hacer después de su derrota de Hai en Josué 7, pero en el deber de volver a esta falsa verdad, o la mala acción programada en el sentimiento inicial, para permanecer verdadero, pero con el deber de arrepentirse para continuar la buena batalla.

Es así que esta conquista de nuestra tierra santa se encuentra en nuestros “arrepentimientos” bien gestionados, de lo que sinceramente confundimos con el Amor divino y es por tanto el mal resultado de nuestras presunciones, que abre nuestro entendimiento para descubrir las faltas de nuestro amor egocéntrico humano, en relación al Amor divino que Jesús quiere escribir en nosotros, reescribiendo nuestro espíritu inicial.

Es este “arrepentimiento” ante Dios el que se vuelve fundamental para permitir el relanzamiento de un nuevo intento de victoria el día de la derrota, aunque este arrepentimiento no se encuentra en la conciencia real del error, ya que se ubica para el interesado en un intento de actuar por amor, mientras que en él este amor no tiene la verdadera referencia divina. Así como el hijo no puede arrepentirse de lo que aún no ha reconocido como injusto, el esposo que se encuentra en la conquista de su Canaán, solo puede aceptar creer que está actuando por error, con la buena voluntad de no reproducirlo, aunque él mismo esté convencido de lo contrario en relación con el amor. Para convencerlo, entonces solo tiene diálogo con el Espíritu Santo en oración, para traerle la comprensión de este error, ya que solo el Espíritu Santo en su corazón está sujeto a su verdadera mala programación, lo que lleva al interesado a aceptar el mal resultado como siendo la verdad según Dios.

El amor constituye entonces, tantos faros necesarios para su camino hacia Dios, más allá de la palabra de Dios y aquellos que se dejan llevar por un amor apasionado, no necesariamente serán conscientes de él en el momento, como tampoco en sus análisis posteriores en general. A menudo descubrirá el error solo a través del resultado producido en su esposa, que permaneció en su antiguo modo de operación, en los buenos valores de la Palabra de Dios y por eso es tan fundamental no avanzar solo, pero también que el esposo ama a su esposa como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Están a menudo los límites a través de los cuales se niega a perseguir a su esposa, los que lo llevarán a cuestionarse a sí mismo, en “arrepentimiento” ante Dios. Por eso también la llamada divina es fundamental, ya que uno y el otro en cada "dúo" deben estar dispuestos e invertidos en esta llamada, para que Dios pueda apoyar a cada uno en los objetivos que Dios le ha presentado.

Es en esto que el Espíritu Santo se diferencia fundamentalmente del simple espíritu bajo tutela que ya vestía al homo sapiens, porque es la tercera persona de Dios y por tanto puede orientar las especificidades de cada uno en una complementariedad beneficiosa para ambos. Entonces uno es guiado en la exactitud de la palabra de Dios, para conducir al otro hacia el Amor construido sobre esta exactitud, mientras que el suyo se basa en simples deseos. El objetivo de Dios en Jesucristo es que a plazo, la humanidad entre de lleno en el buen uso de la totalidad de su vocación genética, sin desbordar jamás, que representa la vida en abundancia en relación a lo que podemos vivir hoy, si intentamos no alejarse de Dios.

Las ayudas dadas al marido en todo su deseo de agradar a Dios nuestro Padre, son, por tanto, humanamente la esposa y espiritualmente el Espíritu Santo en el corazón de la persona interesada, de donde emerge la presencia de Jesús y del Padre en los cielos, que le permiten tomar conciencia de sus malos análisis carnales, en los que su libre albedrío da razón a la mala acción programada. Por eso, cuando éste se encuentra en la emoción verdadera, no debe consentir más en la vieja acción antes de producirla y apelar a Cristo Libertador, sin intentar influir sin embargo, en la emoción misma.

La ayuda del Espíritu Santo y de su esposa es fundamental, para obtener un buen resultado, porque la responsabilidad del esposo, de perseverar en los caminos divinos, permanece total ante Dios y ante los hombres. Si, por tanto, la llamada de Dios interviene sin estas protecciones, sería como llevar a este marido a la tentación del pecado, mientras que, por el contrario, es una cuestión de confianza dada a la pareja a través de la obra de Jesús en la Cruz, querer ambos heredan el reino de los cielos ya en esta tierra.

A través de esta llamada, Jesús emprende así la reescritura de cada sentimiento y esto es tanto más significativo si al Amor divino le sumamos todos los demás sentimientos divinos, construidos sobre este Amor, al que nuestra CE trata incansablemente de dar razón, adaptándose como lo mejor posible a cada situación vivida. Esto es lo que hace la iglesia, porque en toda su buena voluntad para corregir incansablemente su CE, trata de llevar la enseñanza correcta a todos en el día a día, permitiéndole un buen cumplimiento de la voluntad divina según las circunstancias.

Si tomamos la Sabiduría como ejemplo concreto, lo que está contenido en la lógica divina está íntegramente construido sobre el Amor a los demás, mientras que la sabiduría humana está ligada en parte al amor egocéntrico pero también al miedo de la reprimenda, así como a la promoción del buen respeto de la palabra de Dios. Esta "sabiduría" resultante de nuestra lógica bajo tutela, de ninguna manera corresponde así a la sabiduría divina, ya que es la síntesis de nuestros miedos a la reprimenda o nuestras glorias del buen respeto lo que nos permite limitar nuestros deseos, incluidos o no a la voluntad divina.

Esta falsa sabiduría entonces da muchas oportunidades para la condenación, para protegernos del pecado y se convierte en tantas trampas hacia la condenación del pecador, para protegernos del pecado, en lugar de confiarnos en el Espíritu Santo, que no condena a nadie. Por eso Dios quiere traernos mucho más, a través de una sabiduría que no conduce a la condenación del pecador, sino solo a la del pecado. El pecado de condenación no es para aquél que no conoce la palabra de Dios, sino por el contrario para el que  la conoce muy bien. Sabe que no sólo él mismo será juzgado con la medida con que juzgue, sino que también tiene la necesidad de silenciar al Espíritu Santo en su corazón, es decir a Jesús y al Padre, para poder trae esta condenación del pecador. Son entonces sus presunciones del buen uso de sus conocimientos las que lo hacen huérfano del Padre y hacen la guerra a su alma, porque lo obligan a la paradoja de usar lo que es desagradable a Dios, para agradarlo.

Jesús no vino a tapar el proceso de pecado / arrepentimiento eterno y es por eso que cada uno de los sentimientos en el ser humano debe ser sacado a la luz ante la verdad divina, así como en un pueblo la verdad de cada uno no es necesariamente la buena. y el de Acán en Josué 7, está ahí para probarlo a nosotros. Si la conquista de Jericó pareció abrir las puertas a una fácil conquista sobrenatural, fueron las derrotas gestionadas en obediencia a Dios para poder cumplir con las expectativas del Señor, que fueron la clave de los siguientes éxitos y el camino no está diferente hoy con todas las multitudes de perseverancia y arrepentimiento que impone individualmente y en grupos.

Con demasiada frecuencia cometemos el error de creer que la reescritura del espíritu en nosotros se realiza a través de la oración, en la comunión de Dios, incluso en la adoración, porque nos creemos entonces armados para afrontar ciertas dificultades. Estos momentos tan beneficiosos son útiles para comprender la voluntad divina, o incluso para comprender nuestros errores pasados, pero no para reescribir el espíritu. Después de cruzar el Jordán, el error de Acán no fue durante la preparación para la conquista de Jericó, puesto que esta preparación en alabanza y adoración permitió a Dios derribar los muros de la ciudad. La caída de los muros no fue la conquista, sino lo que iba a permitir a todos los hebreos lograr espontáneamente esta conquista. Lo mismo ocurre con nosotros hoy, porque no son nuestras buenas motivaciones vividas en total comunión con Dios, durante estos momentos privilegiados, que traducirán nuestras emociones en acción al día siguiente. Los muros de nuestros razonamientos ciertamente caen fácilmente durante estos tiempos y permiten una mejor aplicación de nuestro CE la siguiente vez, si somos llamados en la iglesia. Para aquellos que por otro lado están llamados a entrar a Canaán, estos momentos pueden permitirles tomar conciencia de la mala programación que hay que reescribir, para que puedan gritar a Jesús en el momento oportuno la siguiente vez, para no usar esta mala programación.

Esta es una diferencia fundamental, ya que quien es llamado a la iglesia saca de eso la enseñanza para poner en práctica lo que sabe, mientras que el llamado a la conquista del Amor divino, sabe lo que no debe hacer, sin saberlo qué hacer y por eso debe volver a convertirse en un niño que descubre.

De ninguna manera se trata de aprender de nadie la corrección que se aplicará a su antiguo sistema por su CE, sino de decir no a la vieja programación en el momento adecuado, mediante la comunión PERMANENTE con el Espíritu Santo.

Así como no podemos reescribir software mientras lo estamos usando o si no tenemos los derechos de reescritura, Jesús no puede reescribir nuestro sistema emocional si lo usamos nosotros mismos, porque Jesús no puede ir más allá de nuestro libre albedrío, aun cuando lo habríamos solicitado de antemano. Ya sea a través de nuestros análisis o mediante lo que científicamente se llama tálamo sensorial, que actúa como síntesis activa de nuestros cinco sentidos, la imagen que emerge es entonces el reflejo entre lo que hemos adquirido la costumbre de usar con habilidad en el desierto, a lo que se suma la influencia de nuestra memoria a corto plazo. Estas influencias compiten entonces con la guía del Espíritu Santo para proporcionar una respuesta estereotipada de acuerdo con el aprendizaje de la voluntad divina en nuestros análisis pasados, contra los cuales Jesús no puede hacer nada.

Ya sea a través de nuestro libre albedrío para emplear el miedo, para determinar una acción a medias correcta, o si es en nuestras presunciones de buena práctica de lo que consideramos el Amor divino, una como la otra de estas situaciones no pueden permitir que Cristo reescriba el espíritu. Jesús nunca tomará autoridad sobre nosotros, para evitar errores carnales, porque es por eso que se nos da el Espíritu Santo en nuestro corazón, para querer perderlos. No es que Jesús no quiera traernos su verdadera naturaleza, pero porque si Él intervino en situaciones intermedias, sería con el fin de hacernos utilizar mejor esta “monitoreo parental”, mientras que es para erradicarlo. Si Él obviamente quiere llevarnos más allá de nuestras capacidades, depende de nosotros confiar en Él y llegar al límite de nuestras capacidades y luego solo clamarle.

Todo espíritu y sentimiento en el hombre tiene que ser reescrito por Cristo de esta manera, para eliminar la impureza residual y producir la acción correcta en relación con la emoción correcta en la motivación correcta. No piden todos tal voluntad para librar una batalla tan amarga, porque si algunos pueden verse reescritos sin nuestro conocimiento, aquellos cuyos lazos con el enemigo son los más fuertes requieren tal voluntad que solo el Espíritu Santo es capaz de darla. Es por eso que todo aquel que quiera dejar de pecar debe saber que es amado por Dios sin importar su error y totalmente perdonado en Jesucristo, que cumplió todo en la Cruz por Amor a nosotros. En las trampas más significativas de nuestra existencia, debemos de hecho hacernos tal violencia, que sería mejor para nosotros morir, pero no obstante es ahí que si aceptamos regocijarnos en el resto de la vida que nos deja la retirada de esta parte, aceptamos la muerte por nosotros mismos y esta es nuestra cruz. De hecho, es solo en este momento que la Cruz entra en nuestras vidas y luego trae muy rápidamente la RESURRECCIÓN, si decimos no a la mala acción programada, aunque en la buena emoción producida en relación con la situación en cuestión.

Es porque afirmamos ser libres en Jesucristo que somos esclavos de nuestra lógica bajo tutela, a pesar de la libertad que Jesús nos ofrece en toda verdad. Este ya era el caso cuando los fariseos decían que eran libres, porque eran descendientes de Abraham, porque ponían esta libertad en una visión humana y no espiritual. El día en que, con la emoción correcta, gritamos a Jesús en el cielo, Él puede entonces, para nuestra sorpresa, colocar la actitud correcta en relación con la emoción correcta e incluso si no siempre es aquella a la que esperábamos de antemano, siempre llega como una verdad en nosotros, que se nos presenta claramente como conforme a la palabra de Dios. Si, como dijo Jesús, es la verdad la que nos libera, es la verdad que Jesús coloca en nuestro sistema emocional, la que nos libera para hacer la voluntad divina, porque hemos aceptado permanecer verdaderos a nosotros mismos, a pesar de todas las malas verdades de las que antes nos habíamos arrepentido, proviniendo del mentiroso en nosotros y nuestras presunciones en él.

Habiéndose reescrito entonces la cadena de nuestro sistema emocional en la naturaleza divina, incluso en la acción programada en el sentimiento finalizándola, si en los minutos o en los años siguientes nos encontramos ante una situación similar, aparece naturalmente el mismo buen comportamiento, como viniendo de nosotros mismos, pero viniendo de Dios en nosotros, para la grande sorpresa de la persona interesada. De sentimiento en sentimiento, la parte del espíritu en el cerebro secundario, que sostiene muchos sentimientos, se reescribe un día de la misma manera, porque el espíritu en el cerebro no es de una estructura, ni de una naturaleza diferente a la de los sentimientos, pero su influencia es sin embargo fundamental. Por lo tanto, no se vence de manera diferente, porque la autoridad de Jesús es completa. Es al notar nuestro progreso en el descubrimiento de estos resultados del Amor divino dentro de nosotros, cuya la paz que produce nos es perceptible, que debemos calibrar nuestra espiritualidad y no en el número de personas que nos siguen.

Así como Jesús, revestido de este Amor, dio su vida en la Cruz para abrir un camino de Amor hacia Dios, ¿Cómo no querer comunicarlo a los que amamos, empezando por nuestra esposa?

Esto es lo que Dios espera del esposo, porque si hasta entonces era la esposa que era la guardiana de los valores divinos en la mejor espiritualidad humana posible, el cumplimiento en la naturaleza divina del esposo, por parte de la santidad que ella representa, se va a permitir a Dios la inversión de los roles: ¡En su tiempo!

Es después de la mayor conquista posible de esto "monitoreo parental" del esposo, que Dios puede liberar a la esposa de su vocación de guardiana de los valores divinos, para colocarla sobre el esposo, para que él lo ayude en un proceso justo y esta es la verdadera Liberación de la mujer.

La libertad que las mujeres a menudo buscan en estos días, a través de reivindicaciones de los mismos derechos y comportamientos que los de los hombres, a veces incluso a través de la teoría de género, están en sus propias comparaciones carnales, pero la verdadera liberación que Dios quiere traer a la mujer desde Adán y Eva, es por el levantamiento de sus responsabilidades para servir de centinela al hombre, aunque muchas veces maltratada en esta función.

Si el esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, no es para que su conquista del Amor divino lo lleve a creer que se ha vuelto superior a todos los demás, sino para darle la capacidad comportarse a la imagen de Cristo con todos y en particular con su propia esposa. En este buen comportamiento, debe entonces estar dispuesto a llevarla a cabo en este descubrimiento, sin nunca condenarla, como Jesús y el Espíritu Santo han estado haciendo por él hasta entonces y lo seguirán haciendo, si es él no da motivos al orgullo. Lo que hizo a la mujer más fuerte para realizar su función de ayudar al esposo según la palabra de Dios, entonces la hace más vulnerable en este cambio de modo de funcionamiento fuera del Amor, porque cuanto más débil es la diferencia entre la naturaleza carnal y la divina, más difícil es darse cuenta del posible error. Sin embargo, esta diferencia existe y es por eso que este cambio es tan esencial para las mujeres como para los hombres, para manejar adecuadamente su conciencia.

Así como el hombre necesitaba confiar en la esposa para volver a enfocarse en la Palabra de Dios, la esposa debe estar lista para hacer lo mismo con el esposo, para que Dios pueda llamar a la pareja en este nuevo protocolo. A partir de una situación en la que siempre había manejado sus deseos CON amor, tendrá por tanto que actuar POR AMOR, sin que su CE intervenga en sus acciones programadas, como utilizaba hasta entonces en una autoprotección ante posibles represiones de Satanás. Es su fe en Cristo Libertador la que le permitirá entonces imponer a veces más confianza en el marido que en sí misma, pues son sus más profundos temores de desobediencia a Dios los que tendrá que vencer para poder entrar en este cambio, a pesar de su recuerdo de situaciones pasadas y de la imprecisión del marido. Ella se encuentra entonces en la paradoja en la que le resultaría más fácil confiar en alguien que siempre ha funcionado como ella, cuando lo mejor en la libertad de la naturaleza divina alimenta sus miedos.

A la salida del desierto, si el trabajo a dúo es pues imprescindible, no es por todos que un simple deseo de lograr la igualdad con Jesús, como hicieron Adán y Eva hacia el SEÑOR, sino de una verdadera llamada divina de la que esta nueva etapa forma parte, porque durante dos mil años, Jesús ha estado preparando una “Esposa” perfectamente idéntica a su naturaleza y no a la mitad diferente, dejando a la mujer a un lado en la pareja.