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Estas páginas son una traducción del francés usando un traductor automático. Si quieres apoyar nuestra acción de buscar el equilibrio de Dios guiados por el Espíritu Santo y que usted encuentre algún error de traducción, por favor notifíquenos haciendo clic en el siguiente enlace: cristianos.esperanza@free.fr

Continuación del capítulo 10


El estado de ánimo (en francés El estado de Espíritu)


Estado de ánimo o estado de espíritus

Es por esta razón que es FUNDAMENTAL para avanzar en la santificación según Dios por el arrepentimiento de nuestros pecados a la Cruz, pero a la velocidad de Dios porque Él sabe TODA parte de nosotros y NUNCA pone el carro delante del caballo si nos dejamos guiar por su Espíritu Santo.

Lo importante es buscar comunión con el Espíritu de Dios en todo momento, en todos los lugares, en todas las circunstancias, en lugar de actuar por nosotros mismos en privarnos de la vida, con el fin de elogiarnos que somos bien, considerando que supuestamente no encontramos más el pecado.

Hay otra actitud que adoptan algunos y que no es mejor, ver quizás peor en mi opinión. Estas personas están buscando humanamente una vez más, este que pudo dominar sobre sus almas y puede dominar todavía, por una introspección permanente, como por miedo que un día deberían reconocer sus acciones impregnadas de pecados. No sé por qué razones malas estas personas entonces se llevan a cabo, porque éstos pueden ser infinitamente variables y buenos en sus ojos porque Satanás sabe traer gran cantidad de señuelos. Nuestro objetivo no siendo de descubrir lo, para juzgar los, diremos por ejemplo, para ser un mejor testigo a Dios que otros. Esto sería sin duda una forma de rivalidad, cuyo el objetivo sería que glorificar a Dios por mejores actitudes humanas que ésas que han recibido, pero dejemos. Sin duda estas personas luchan sinceramente lo que no conocen, por temor de encontrarlo, por temor a ser capturado en flagrancia, por temor de los hombres que les condenarían entonces, por qué no, por el temor de Dios, el confuso entonces con un coco.

Dios nos conoce COMO SOMOS, debemos confiarnos en Él. Si tratamos de derrotar a los espíritus inmundos con un malo motivo en el corazón, no es Él que actuará, pero todavía nuestra carne, nuestra construcción antigua, nuestra guía anterior. ¿Así, que nos sucederá entonces?

Si luchamos humanamente y tomamos autoridad sobre cualquier tipo de "nombres", sin esperar en la revelación de Dios, vamos a luchar con molinos de viento como de los del Quijote, en cuál nos convertiremos. No deberemos ser sorprendidos de vivir de más en más dificultades, a ver los otros de más en más malos, porque el enemigo actuará entonces según la caja de fósforos ocultadas detrás de la nevera. Sin embargo, Jesús no nos defenderá, porque no habremos luchado según las reglas, intentando de esta manera evitar la Cruz y el arrepentimiento de nuestras propias faltas. Usted debe saber que Satanás a su nivel más alto del disfraz para simular la dimensión del Espíritu de Dios, también se llama el ángel de la luz, y volveremos sobre eso. Por lo tanto no Lo intentemos a hacernos cada vez más a esta imagen a Él mismo, o lo lamentaríamos algún día.

Dios quiere revelarnos cualquier cosa, no en nuestro tiempo, a fin de que parezcamos de los superhombres delante de los otros, sino en su tiempo. Como ya vimos en el capítulo ocho, quiere "desconstruir" piedra por piedra el viejo caserón para reconstruir uno en la forma de un edificio según Él. En esto, poco a poco destacará nuestras malas actitudes, en el orden elegido por Él y según nuestra aceptación para que lo haga. Sólo Él, sabe el orden en que éstos “piedras” enredarse en nuestro subconsciente, solo Él, sabrá conducirnos por lo tanto en sus caminos.

Las solas buenas actitudes que podemos tener, son por un lado, buscar la armonía y comunión permanente con el Espíritu Santo en presencia de Dios, sin olvidar la oración y a veces el ayuno. (En este caso, nos aseguremos sin embargo, que sea bien conducido de Dios). Por otro lado, aceptar del Señor con toda humildad, el cuestionamiento de nuestras malas acciones sin mortificar nos, recordando nos siempre que Dios es el Dios de los vivos y no de los muertos, y si no tenemos ni deseo, ni la fuerza para actuar, sólo Él puede darla a nosotros.

Como cada uno ha notado en el pequeño diagrama del estado de espíritus de la página 180, hice dos tipos de relaciones entre los diferentes espíritus inmundos y los de Dios por el Espíritu Santo. Aquellas unidas por “//////” son opuestos, aunque por supuesto no son limitantes. Representan lo que generalmente reconocemos como procedente de Dios, pero tememos perder las, por temor de caer en el exceso opuesto y hacernos engañar. Creemos por ejemplo haber evitado de gran dificultad gracias a la mentira, especialmente temeremos que avanzar en la verdad.

Aquellos que están conectados por "iguales ======" no son ejemplos todavía limitativos, pero son ésos que a menudo queremos no perder, los asimilando uno con el otro y creyendo sinceramente ya poseer los en Dios. La ansiedad por ejemplo, nos habrá a menudo sido útil, especialmente para superar la imprudencia o la rebelión, ellas mismas para superar la timidez. Por timidez, no nos atreveremos a actuar y cuando actuaremos, lo haremos por imprudencia o rebelión. La ansiedad entonces, limitará nuestros excesos y la confundiremos con la Sabiduría de Dios. Todavía en este mismo ejemplo situamos nos en el caso de una persona al volante, reaccionando más o menos por este tipo de construcción. Tímido no se atrevería a conducir, pero lo hará por temeridad. Por rebelión probablemente no será complaciente por prioridades y se doblará por temeridad, pero por ansiedad de la policía y el accidente, aceptará generalmente actuar con sabiduría, mientras que será precisamente esta sabiduría falsa que le anudará el estómago. Esta ansiedad, esta falsa sabiduría, no viniendo de Dios, lo limitará no sólo para conducir, pero en el resto de su vida, y particularmente donde no lo querría. Quizás la dominará también mejor, pero quizás también, este ansiedad vendrá precisamente desde un otra parte; Esa es la dificultad de actuar humanamente.

En el momento de la conversión, el Señor ciertamente nos dejará así un tiempo, de modo que nos consolidemos nosotros en su palabra, pero un día vendrá o querrá a liberarnos de esta ansiedad. Si no aceptamos que somos guiados por la ansiedad, considerando que esto es la sabiduría, Dios no podrá actuar porque nunca irá contra nuestra voluntad. Sin embargo, Le suplicaremos eventualmente retirar de nuestra vida las angustias que nos conducirán a veces hasta la enfermedad, véase la muerte si son el origen de un infarto.

El enemigo de nuestras almas sabe llevar nos a rechazar la verdadera bendición de Dios y todo como puede tratar de hacernos creer que ya tenemos la sabiduría en nuestro ejemplo, Él puede actuar por el contrario, haciendo nos rechazar la.

Perseguirá evidentemente el mismo propósito de hacer nos desobedecer a Dios, pero haremos el miedo como lo fue para mí, la confundiendo entonces una especie de mortificación, una especie de hipocresía. Ese era mi confusión entre la sabiduría y el comportamiento de estas ancianas que iban a la misa el domingo con una gran religiosidad y beatería.

Yo tenía casi dos años de conversión, y estábamos desde muchos días en una prueba de fe muy difícil, cuando un buen día no me mantuve más. Contrito y con lágrimas, estaba gritando así a Dios en un profundo sufrimiento: "Señor, dame la fe, dame la fe!" Veinticuatro horas después de haber pedido la fe a Dios, yo no la había todavía recibido, y en mi corazón era más en la desesperación que la alegría de vivir.

En estas condiciones, tuvimos que hacer un pequeño viaje de un centenar de kilómetros. Ya no más estaba como en el pasado a velocidades inverosímiles, pero todavía muy por encima de la limitación sin embargo. En mi habitual, mientras que conduje y a pesar de que Marie-Claude estaba a mi lado, le recé a Dios que me enseñe a actuar, de bendecirme, de rellenar mi sufrimiento. En un punto, yo vine incluso a enviar al Señor como de los semi-reproches. Creo que era sólo la conclusión de mi investigación para hacer su voluntad, sino también que el reconocimiento de mi incapacidad para llevar a cabo esta voluntad. Dirigiendo me a Dios, le dije “Escucha Señor, yo quiero bien, pero cuando te preguntamos algo en tu voluntad, das eso. ¿Entonces yo creo que nada puede ser más en tu voluntad, que dar la fe a quien te la pide, con el fin de cumplir tu voluntad? ¡Es esencial que me dices por qué Señor, no me la das!”

En este momento, percibí muy claramente en mi espíritu: "¡Tómala!"

Fue entonces como si me la apropió, como si me la aprovechó al instante con mano firme. Me encontré lleno de una tal dosis, que yo empuje de una gran "Caramba de alivio.

Contrariamente a lo que habría sido mis comportamientos pasados, no aceleró demasiado sin embargo, me parece. Cuatro o cinco kilómetros más adelante, mientras nos dirigíamos en línea recta sobre una parte plana, alcanzó sin embargo dos otros vehículos, viajando a una velocidad muy inferior a la mía. Yo conocía bien este camino, y sabía que abordábamos una porción demasiada larga para mi gusto, durante el cual no podré pasar.

Le he ya dicho a usted, que estaba conduciendo en la carretera como en competición. Es evidente que en la carrera, cualquier falta de apreciación es generalmente fatal, pero también cualquier molestia sobre otro piloto puede ser una causa de exclusión de carrera.

El señor evidentemente conocía muy bien todos mis excesos de velocidad, pero también todos mis escrúpulos sobre todos los más pequeños detalles de pilotaje en la carretera. Me acerqué por lo tanto de estos dos vehículos, dosifiqué mis reservas de velocidad y así me dio cuenta que me faltaré sin duda a pocos metros para realizar ambos adelantamientos, sin superar de ningún manera la línea blanca. Arriesgué sin embargo nada como - para el primer vehículo, por lo tanto, comencé a pasarla. Mientras que no hice bien obviamente más energía de reserva, me dejé ir para otra vez hago la pregunta si continué mi maniobra o si coloqué en una posición intermedia entre los dos.

Más los metros avanzaban, más me di cuenta perfectamente de que no había cambió en nada con mi evaluación de salida, pero luego vino la respuesta a mis preguntas: “¡Ah!” Y entonces después de todo, tengo la fe!”

¡Así que continué mi adelantamiento, pero como por supuesto, me mordí la línea blanca! Evidentemente fue sólo de uno o dos metros, pero fue para mí mucho más que suficiente para interpelarme fuertemente.

Fue entonces que percibí tan claramente que la primera palabra que Dios me había dado: pide mi sabiduría y te daré la fe."

El señor también me hizo entender, que mi fe era en realidad sólo temeridad. Por lo tanto yo confundía  fe y temeridad. Puedo asegurarle, que dadas las dificultades materiales que vivíamos, que rápidamente dije "Señor, Señor, dame la sabiduría. ''

Haré aún un pequeño comentario sobre este tema, porque el domingo desde antes, habíamos tenido un mensaje todo lo que hay más explícito por parte de nuestro pastor, en la necesidad de pedir a Dios la sabiduría. Yo había negado categóricamente el interés de un tal mensaje, y esto sólo había aumentado un desacuerdo que ya existía entre Marie-Claude y yo.

La segunda vez, no sólo hice la solicitud a Dios, pero yo me rápidamente en busca de aplicación práctica, al menos eso espero.

Así que regreso a mi confusión de aceptar la sabiduría, con el fin de mantenerme un poco más en "correa", el enemigo me había engañado desde mi infancia me haciendo confundir la actitud de estas ancianas y sabiduría, haciéndome rechazar la sabiduría por mi propia iniciativa y la prohibición para que Dios me regale de ella.

Cada uno se somete a este tipo de fraude del enemigo. Es por eso que entre dos hombres y más importantemente a menudo incluso entre los cristianos, que no nos entendemos. Sepamos por lo tanto a pelear la buena batalla! Dios quiere abrir nuestros ojos en todas estas diferentes pequeñas trampas del enemigo donde todos caímos y que cargan nuestras vidas. Que seamos barrenderos, maniobra o alto dignatario del estado, no hay nunca nadie que ha escapado a eso, excepto Jesús, que es por lo tanto el camino la verdad y la vida hacia Dios nuestro Padre. ¡No hay ningún otro!

La libertad es al final del camino y el camino se llama: ¡SANCTIFICACIÓN!

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