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Alain et Marie-Claude en 1998

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El tiempo de galeras no dura siempre, ya que en su gracia, Cristo oye nuestros gritos y responde a las aspiraciones de nuestros corazones. Después de un largo periplo en vidas diferentes para cada uno, los reunió para el mejor y para el mejor: El encuentro de su Santa Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

No hay azares delante Dios, sólo hay los milagros de su Amor que se perpetúan de eternidad en eternidad, y delante los cuales nuestros corazones desbordan de reconocimiento.

Marie-Claude


En nuestro encuentro, Marie-Claude era enfermera en medio psiquiátrico. Desde hace algunos meses, elevaba sola a sus tres niños, y se encontraba aliviada de una difícil unión que había hecho de ella una mujer pegada moral y físicamente. En sus gritos a Dios para sacarla de esta vida, no había reivindicado un remanso de paz para ella mismo, pero su rezo era sobre todo que estos niños no pasan a ser ni de los delincuentes, ni de los pilares de hospitales psiquiátricos.

Católica de nacimiento, era practicando ante Dios, pero no delante de los hombres, y desde la tabla de parto, ella en su corazón había donado sus niños a Dios. En escondrijo de su padre, les había transmitido a continuación una fe simple en Cristo, al quien no faltaban de hablar en sus rezos de bendiciones para su madre, pero también su papá.

Un sábado por la noche de febrero de 1986, mientras que se negaba a toda forma de una nueva vida conyugal, unos vecinos y amigos lo convencieron de ir a un baile de máscaras. Confió pues a su hijo mayor sus dos más jóvenes niños, que en escondrijo del más grande, de rodillas al pie de su cama, vueltas hacia la ventana, pidieron a Cristo dar a ellos un nuevo papá. Tenían entonces ocho años y seis años y medio.

Es así como esta noche allí nos encontramos, y que quince días más tarde comenzamos a formar una pareja.

Alain


De formación autodidacta, Alain lanzaba una pequeña sociedad de estudio y construcción de conjuntos agroalimentarios, cuando nos encontramos. Casado no por amor pero por sacrificio, perseveraba en una causa perdida por adelantado con el fin de no hacer mal a su familia y especialmente a sus dos niños. Habría querido ponerlos feliz, pero enfrentado a sus pasiones, sus buenas voluntades se asemejaban a un manirroto.

Estaba en realidad la mejor representación posible de la buena voluntad humana que rechazó la total existencia de Dios. Católico desde su infancia, había tenido el corazón vuelto un tiempo hacia Jesús, pero le concebía ya solo como extraterrestre. Combativo infalible en el deporte y en su vida social, estaba poco violento. El único odio y burla que manifestaba abiertamente estaba hacia escasos que se volvían hacia Dios que tomaba para atrasados mentales absurdos.

Contrariamente a Marie-Claude, creía al mal espiritual para haberlo visto practicado, pero en una gran presunción, se creía preservado por su única voluntad que se jactaba tener. Estaba pues el hombre perfectamente insensato.

Dios le gustaba como le gusta cada uno nosotros, y sabía que es mejor estar frío o hirviendo más bien que tibio. ¡Este helado iba pues devenir más que abrasador en el día bendecido de "su" Pentecostés! ¿No es allí el importante?

Nos dos


A partir de nuestras primeras horas de vida cristiana, nos comprometimos de un mismo corazón en el descubrimiento de esta nueva vida, y la armonía de tantos milagros nos transportaba de alegría. Alain descubría asombrado todas las tonterías que hasta entonces lo había conducido y los sueños de Marie-Claude se encarnaban en sus niños que compartían con nosotros un mismo entusiasmo. No teníamos ya ni una lata, habiendo todo perdido para llegar allí, pero correríamos en familia en las reuniones evangélicas, el corazón transportado de alegría. No estaba por supuesto el equilibrio, pero estaba como una loca juventud, burbujeando de alegría, en una sed sin final de la maravillosa palabra de Dios.

Si Dios se alegraba seguramente, el enemigo se frotaba quizá las manos en espera de su hora, sabiendo que más la exaltación es grande, más el carnal regresa fácilmente, y un segundo aprendizaje llegaba...

Tan pronto como después de nuestro matrimonio, dos años de escuela bíblica nos formaron quizá un poco, pero el verdadero camino de perseverancia fue el "del exilio". Un exilio de retroceso, un exilio de meditación, un exilio de formación distante de las asambleas tumultuosas, nos permitió realizar en el secreto de Dios, el trabajo informado especialmente en el Efecto Bumerán.

Está desde este momento que comenzamos a tomar conciencia que a veces habíamos confundido fe y presunción, miedo y sabiduría, y tanto de otras cosas a las cuales habíamos dado simplemente razón en nuestra alma, sin que se renovó el espíritu.

Esta “psicoterapia”, más profunda que la realizada generalmente por el hombre, no se hizo siempre en la alegría de este replanteamiento. Habríamos debido para eso poseer en nosotros mismos la imagen a la cual Dios quería conducirnos. Lo importante era pues no perder su columna de nube, y la gloria de la haber seguido no vuelve a nos, pero a él solo, que sin cesar puesta de las señales sobre nuestro camino.

Conocíamos el objetivo de este camino, aunque a menudo lo combatíamos por falta de comprensión. Dios en efecto un día nos había preguntado por medio de una hermana en Cristo, si nosotros acepciones que él desglosa los puentes del mundo que se habían construido entre nosotros, para reconstruir uno a su modo de ver. En un mismo impulso de corazón este día habíamos respondido allí un gran sí, sin vacilación, felices de poder hacer la voluntad de Dios en los algunos días que seguirían, pensábamos.

¡Pobres de nos! Afortunadamente que Dios sabía entonces cuánto veces él deberían proporcionar a nuestros fallos, y que mantuvo todas las promesas de su Palabra, porque si podemos esperar ya haber hecho un buen parte del camino, no está de ningún modo gracias a nosotros, pero muy gracias a él. Está gracias a eso que podemos alegrarnos, ya que, aunque el camino fue lleno de tormentos, lo que importa está como para Job, de poder decir hoy: ¡“Mi oreja había oído hablar de ti, pero ahora mi ojo te vio”!

La palabra de Hebreos 12-11 se vuelve entonces más realista, cuando leemos: Al momento, ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados.

 En nuestros primeros impulsos, a salir "de la escuela", no habríamos sido más que ciegos que tendrían intentar conducir otros ciegos a reproducir otros nosotros mismos, de los clones. En sus vanidades los hombres a los cuales no escapamos, se toman a menudo para guías espirituales, pero solo Dios es el buen Pastor. Intentamos pues para -mismo de transmitirnos un testimonio y un estímulo más que una guía, y porque este testimonio no es una lección aprendida por corazón pero uno vivido concreto en comunión con Dios, creemos tener el deber de comunicarlo.

Toda religión en su buena voluntad no salva, y no hacemos mejor. Intentamos al igual que muchos dar a conocer Cristo, a través de una comunión con el Santo-Espíritu y es a él que cada uno debe permanecer adjunto por la fe para ser salvado. En eso reside la casi totalidad de lo que el hombre puede transmitir, el resto no siendo que vanidad.

¡De acuerdos con Eclesiastés, podemos entonces afirmar que a Dios sea toda la Gloria!

¡Venga Señor! ¡Oh Señor viene! ¡Bendecidos nosotros todos! ¡Bendice nos de tu Amor y tu Santidad!

Arriba Solo el Amor se quedará