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LA TRANSICIÓN EXITOSA


1 - La vocación de Cristo


Jesús en el cielo puede bautizarnos con su Espíritu Santo, lo que tiene el efecto de reemplazar perfectamente la lógica de la naturaleza egocéntrica del espíritu, previamente instalada en nuestro “corazón”, con una “lógica” de naturaleza divina, idéntica a la uno que Jesús ya tenía en la tierra.

Es ahí la primera promesa que podemos leer en Hebreos 10-16: Éste es el pacto que haré con ellos: “Después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en sus corazones,”. Sin embargo, si leemos el final de este versículo, se anuncia una segunda promesa, a través de “y en sus mentes las escribiré;”.

La segunda parte de este verso entonces se relaciona con la parte del sistema emocional programada en nuestro cerebro sobre los valores del espíritu inicial y sigue siendo esencial para que practiquemos cualquier forma de acción. La reescritura en la naturaleza divina de esta parte programada solo puede ser realizada por Jesús en la edad adulta, si le abrimos los derechos, lo que corresponde a la conquista de nuestra Tierra Santa.

Por el bautismo del Espíritu Santo, Jesús coloca la naturaleza de Cristo en nuestro "corazón", pero cualquier acción producida por todo ser humano debe seguir siendo cubierta por la obra de Jesús en la Cruz, para agradar a Dios, ya que toda motivación, por perfecta que sea, se traduce en acción por el antiguo sistema.

Esta porque no miramos a la totalidad del sistema emocional de Jesús, en comparación con el nuestro, que después del bautismo del Espíritu Santo creemos que podemos producir buenos resultados reales en la naturaleza divina, sin haber recibido de Jesús en los cielos, la segunda parte del versículo 16 "y en sus mentes las escribiré". La primera parte "Daré mis leyes en sus corazones,", corresponde de hecho al bautismo del Espíritu Santo, que permite seguir la guía del Espíritu Santo desde nuestro "corazón", para producir una acción tan cercana como posible a la voluntad divina, desde los centros emocionales ya instalados en nuestro cerebro. Cualquier acción resultante se encuentra entonces producida por las viejas acciones programadas en el lenguaje de la lógica egocéntrica inicial, pero si sabemos confiar en el Espíritu Santo en nuestro "corazón", la correcta corrección efectuada por nuestro CE (cociente emocional), nos permite para llegar al mejor uso posible de este antiguo sistema. Esta situación ciertamente no representa aún el fin deseado por el Señor Dios en Jesucristo, pero esta la transición intermedia esencial para ir más allá con Jesús Salvador y Señor, de quien la mujer y la iglesia se hacen guardianes ante Dios, como lo desarrollaremos.

Si esta dimensión corresponde al esfuerzo personal que todo cristiano debe poner en práctica hoy con la ayuda del Espíritu Santo en su corazón, cuya vaguedad está cubierta por la obra de Jesús en la Cruz, no está sin embargo la real vocación de Cristo Libertador, porque Jesús fue dado por Dios para llevarnos más lejos y hasta hacernos semejantes a su Hijo. La segunda parte del versículo 16 "y en sus mentes las escribiré", de hecho, corresponde a un llamado de Dios a usar bien la guía del Espíritu Santo en otro modo de operación e ir tan lejos como para abrir a Jesús en el cielos, los derechos de reescribir en el lenguaje del Amor divino, cualquier acción programada en cada uno de nuestros sentimientos iniciales. De sentimiento en sentimiento, llega un día en que es la mente portadora de múltiples sentimientos, que luego se reescribe y esta es la segunda promesa.

Es por eso que podemos leer en el versículo 17, “y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades. », Porque el trabajo así realizado borra todo registro antiguo, por eso el SEÑOR ya no recuerda nuestros pecados, ya que la acción resultante, ligada a un sentimiento ya reescrito, se produce en el lenguaje del Amor de los Otros, según el naturaleza de Dios nuestro Padre, como lo fue con Jesús en la tierra.

Cuando todos estos resultados se lograrán en uno de nosotros en la tierra, entonces liberará a Cristo en el cielo de la responsabilidad hacia él de cubrir la programación de su sistema emocional inicial y como es escrito en relación con la Iglesia de Filadelfia en Apocalipsis 3, este habrá recibido la Corona ya en esta tierra. Este "hermanito" podrá entonces lograr lo que Jesús no pudo hacer en la tierra, no debido a Él, sino por nosotros, y todos sus "hermanitos" permanecerán eternamente agradecidos con Jesús en el cielo, como lo estaría por cada hermano mayor, habiéndose ofrecido a sí mismo por ellos como sacrificio.

La verdadera vocación de Cristo está pues, en esta reescritura de la mente en nuestro cerebro, porque si la primera libertad que cada uno hereda al confiar toda su vida a Cristo, es una libertad cubierta por la obra de la Cruz, la que Jesús nos ofrenda es para hacernos semejantes a Él. Este es el reino de los sacerdotes para Dios su Padre y Creador, al que Jesús trabaja para hacernos complementarios a Israel y al que cada uno puede acceder hoy.

Ésta es la conclusión a la que nos llevará nuestro desarrollo, pues esta es la verdadera libertad del buen uso de nuestra genética, cuya traducción escrita es la palabra de Dios, ya que el SEÑOR es nuestro Creador.

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