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3 – 1 - ¿Como cristianos, somos los abogados de nuestros hermanos, los abogados de las otras iglesias y otras naciones?


No debemos esconder la cabeza debajo del ala, el error existe en la iglesia, ya que hasta ahora todo cristiano entrando en una iglesia la volvería impuro si estaba perfecta, puesto que nadie escapa cien por cien a su naturaleza carnal. Por tanto, debemos seguir siendo moderada hacia la otra, sin entrar en la tolerancia al pecado, que  provoca entonces un humanismo de concesión iniciado sin la ayuda de Dios, con personas llenas de buena voluntad a pesar de sus desequilibrios carnales, que genera a plazo, la degeneración de los valores morales de la persona, como fue el caso de la ex URSS.

La "espiritualidad" humana se construye en primer lugar en una dimensión carnal vinculada a nuestra naturaleza animal, y eso engloba toda interpretación individual de verdad que deberá desaparecer para dar nacimiento a una lógica de naturaleza diferente, si deseamos dejarnos conducir por Dios.

Con el fin de representar el contexto humano, nos situamos pues todos sobre círculos concéntricos cuyo Jesús está el centro, con una espiritualidad variable según el diámetro de nuestro círculo portador, pero dispuestos en diversos partes de cada uno de los círculos. Esto significa que pocos son los que tienen que ir a cien por cien en la misma dirección que nosotros para acercarnos a Jesús. Esto es aún más evidente que Dios utiliza casi siempre caminos indirectos para conducirnos a un destino y sólo rara vez utiliza el camino directo que nos gustaría llevar a los otros para alentarlos a acercarse a él.

La iglesia de Cristo es por consiguiente constituida por tantas iglesias que necesitan sus exigencias y la voluntad de Dios para ellas, pero nadie tiene un verdadero derecho de control sobre las acciones de fe del otro, mientras las mismas bases de la búsqueda de comunión con Dios permanecen en la humildad de reconocerse eventualmente pecadores, y arrepentirse cada vez que es el caso según Hebreos 6 – 1/3.  Nadie tiene verdadera superioridad sobre otro, y Dios que posee una de mucho superior al nuestro es bien el último por condenarnos en nuestra ascenso hacia él si desarrollamos una verdadera voluntad a seguirle.

Aquél que quiere llevar a su vida según Dios en una fe que glorifica a Dios, debe quedar sincero y cierto según su corazón, con el riesgo de deber arrepentirse en caso de error. Es allí el riesgo incurrido en por cada uno, a algún nivel espiritual que sea, que sea simple cristiano como guía espiritual, ya que solamente la fe permite superar nuestra naturaleza carnal para acercarnos de Dios, pero la fe sin la “Cruz” está una carnal utopía.

El que se compromete en el servicio de Dios, debe pues quedar consciente que la denuncia de sus propios errores servirá a la educación de los otros, al igual que el que se avanza no debe colocar el que lo guía en una posición ya superior al humano, a riesgo de caer en la idolatría. Tenemos todo el derecho al error, aunque Dios non está satisfecho de la perpetua dimensión: pecado arrepentimiento, pecado arrepentimiento.

Las peleas a este nivel nacen debido a que el que trabaja en el servicio de Dios no lo hace automáticamente "con Dios", pero frecuentemente "para Dios". El que avanza "con Dios" lo hará en la humilde esperanza de un buen resultado recogido por Dios y no por él mismo, y se arrepentirá rápidamente si tropieza, mientras que aquél que trabaja "para Dios" el hecho en una esperanza carnal de una valorización personal que le llevará a menudo a hacer prevalecer sus ambiciones sobre la voluntad de Dios, incluso la más evidente. El que trabajará para Dios, se conducirá entonces en la mayoría de su servicio como de mercenario, buscando más los "resultados" aparentes que a sus calidades.

Como consecuencia de su glorificación personal, la persona que avanza, para "Dios", estará traído entonces que rechazar sobre los otros sus malos resultados, tanto sobre sus propios "hermanos", sobre las iglesias de Cristo como las naciones, que rechazará del carácter cristiano bajo el engañoso pretexta que no le dan siempre razón. Son estas rivalidades que desacreditan a Dios Él mismo a escala planetaria, y que traen de toda parte los integrismos descendientes de bases cristianas u otras, a menudo por miedo de perder una apariencia de hombre mayor, más bien que arrepentirse de sus malas vías. El ser humano se convierte en muy fácil acusador de todo lo que es diferente de él, y utiliza el nombre de Jesús para convertirse en el asesino de sus hermanos, entonces que Jesús le llama a convertirse en abogado. ¿Cuánto tiempo continuaremos el derecho de todas estas guerras fratricidas, que fueron las cruzadas contra los hijos de Abraham, que se llaman Isaac  o Ismael?

El miedo, esta verdadera plaga de la humanidad nos hace actuar con presunción, y es porque le damos razones que reaccionamos así mal, nos dando la gloria de valientes “ccc.ero”... En francés, la pronunciación rápida de valientes héroes, da la fonética de "valiente cero".

Encontramos entonces la cuestión que nos habíamos formulado brevemente al apartado anterior, es decir: ¿Si la espiritualidad cristiana es de carácter superior a la de las otras religiones, por qué no obtiene mejores resultados? Encontramos la respuesta de la propia boca de Moisés en Deuteronomio 32- 30 ¿Cómo podrá perseguir uno a mil? ¿Cómo harán huir dos a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, si Jehovah no los hubiese entregado?

La unión de dos multiplica por diez la capacidad de uno sólo, lo que equivale a decir que la división de dos divide la capacidad de único por diez. La operación es simple en la unión dos hombres, dos iglesias, dos pueblos sostenidos por Dios combaten diez mil enemigos, pero sus división hace que ya no combaten más que miles dividido por diez este a decir ciento cada uno.

A dividir nuestras fuerzas por guerras fratricidas, olvidamos lo verdadero enemigo de nuestro alma, y estamos todos derrotados con frutas más amargas que los de las religiones carnales.

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