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3 - La fe confirma la ciencia, pero coloca sus límites actuales


3 – 2 ¿Dios sería entonces el Gran Psicoterapeuta por quien podemos acceder a la dimensión del cielo sobre la tierra?


No daremos razón a una religión más que a otra, no incluso a las religiones científicas más que a nuestra propia opinión, ya que somos todos resultantes de una misma naturaleza, y sumas susceptibles de equivocarnos. En lo que casi podríamos llamar un postulado puesto que cada uno intenta participar de su mejor, podríamos entonces decir: La fe no se liga a todos estos sistemas a los cuales somos todos más o menos sumisos, pero un carácter de niño feliz de dejarse conducir por Dios más allá de todo precepto humano, pero ya se percibe como de Dios en nuestro corazón. Después de eso, no olvidaremos sin embargo precisar que está bien que un derecho de fiscalización de un séquito informado persiste con el fin de evitarnos a veces confundir nuestras presunciones humanas y la verdadera fe que viene de Dios. Está en eso que la Iglesia es y sigue siendo una institución de la intención de Dios para evitar sus seguidores toda confusión entre la fe y la presunción siempre posible. Está así que, con toda sinceridad personal, Dios se vio obligado a revelar me un día, mi confusión entre la temeridad y la fe al capítulo 10 del Efecto Bumerán, para que entendí de dónde venía mi error.

Debido a algunos errores sucede en efecto demasiado a menudo que un grupo de humanos, convencido del valor global de la estructura parcial que se construyó, quiera imponer a sus contemporáneos, a veces de buen grado, a menudo de fuerza, valores que le están propios. Esta persona o grupo gestiona entonces carnalmente, lo que confunde con la fe, y se extravía lejos, muy lejos de los caminos del señor, creyéndose solo de realizar la voluntad de Dios, si se va hasta cometer atrocidades inhumanas. Utiliza entonces palabras privadas de sentido común en el contexto vivido, y dárselas del ángel exterminador elegido de Dios. Por esta gente caída en grandes desequilibrios de religiosidad y fanatismo, mucho se encuentran desalentados de una verdadera búsqueda de Dios y sacan conclusiones de la clase “si Dios existiera, él no podría permitir eso”, sin percibir la  suya propia trampa. Se alejan entonces de la búsqueda de la presencia de Dios, y caen en otros extremos humanistas, como si estaban en ellos mismos mejores que Dios. No toman conciencia que es la mejor manera para ellos de dar razones al fanatismo, puesto que es precisamente este fanatismo que les obligó a rechazar esta parte de ellos mismos a las cuales daban previamente razón.

Por eso tratamos de convencer a nadie de seguir con nosotros, para guiarlos a un Dios que quiere reescribir nuestro software, pero somos testigos de esto, tratando de invitar a cada uno a su propia experiencia. El que es sincero, y quiere permanecer más adjunto a Dios que a los hombres, e incluso a la iglesia, descubrirá OBLIGATORIAMENTE un equilibrio, una serenidad y un Amor creciente a través de sus acciones de fe, vividas entonces como una psicoterapia con Dios. Dirigida por Dios, esta psicoterapia no alcanzará sólo nuestra alma, a saber, a través de nuestros análisis del neocortex, como puede hacerlo cualquier psicoterapia humana, pero alcanzar hasta nuestro espirito, es decir, nuestro cerebro límbico. Solo Dios puede conocer nuestras experiencias vividas en el seno maternal, el único que puede pues revelarnos el origen de algunas ambivalencias entre nuestros deseos de comportamientos y los cuyos podemos ser testigos por nuestras propias reacciones. Por lo tanto, él quiere que otorgamos a él concretamente nuestra confianza, para conducir nos a reacciones que son desconocidos de nosotros, con el fin de superar nuestro espíritu de supervivencia para el beneficio de su Espíritu, dejándonos guiar por el nuevo software del cual nos ha llenado.

No debemos olvidar sin embargo precisar cuánto este proceso debe ser sincero y desprovisto de todo interés carnal que incluye cualquier recompensa a comportarse bien. Esta es la razón por la que en toda humildad y objetividad no tenemos que doblar la rodilla delante de éste que grita muy fuerte, que solo él puede guiarnos hacia Dios. Un dios al cual es fundamental contentarlo, porque está encargado de reprimendas y condenas contra los hombres impuros. Nos atrevemos a afirmar el contrario por lo que se refiere a seguir al hombre, mismo si es cierto que debemos querer avanzar en la santificación sin la cual nadie verá al Señor. Vemos a la obra un Dios de Amor conforme a la palabra dada en Hebreos 10-16, un Dios que quiere poner sus leyes en nuestros corazones y escribirlos en nuestro espíritu, aunque no lo comprendemos siempre en primer lugar.

¿Entendemos por otra parte a partir de los primeros momentos, el trabajo que hace un simple psicoterapeuta humano, o un Pastor, cuando nos conduce hacia sentimientos a los orígenes a veces dolorosos, de los que deseamos sin embargo quitarnos? ¿Si somos propensos a la confianza en este humano que pagamos a veces muy caro para lo que es del psicoterapeuta, por qué no podemos creer a la buena voluntad de Dios que da todo gratuitamente?


 En primer lugar porque no Le vemos concretamente, mismo si es más concreto que mucho entre nos.


 En segundo lugar, debido a la mala imagen de Dios, que dejamos algunas religiones, que presentan a Dios, más como un padre coco, que según los criterios de un papá que ama a su niño, aunque para eso debe a veces protegerlo de poner la mano sobre el fuego.


 En tercer lugar, mientras que Dios pagó para nosotros, nosotros mismos preferimos pagar a un hombre para mejorarnos, y glorificarnos de todo “progreso”, sin tener que dar razón a la ley divina.


Es allí lo que resulta de los testimonios escritos El Efecto Bumerán y Francia y Dios ambos en lectura libre sobre este sitio. El primero se liga más concretamente a la “psicoterapia” del autor vivida en una estrecha comunión con Dios, el segundo demuestra algunos errores psicológicos de grupos a escala nacional, vinculados a nuestra memoria colectiva.

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