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3 - La fe confirma la ciencia, pero coloca sus límites actuales


3 – 1 La ciencia queda limitada por hacer resultar los componentes de nuestra naturaleza, no necesariamente a corregirlos



Algunos creen que la creación del hombre se debe al azar de la naturaleza, según la extrapolación de las observaciones de Darwin, mientras que para nosotros cristianos, creemos en un Creador. Algunos de nosotros se adhieren a una forma de «evolución» creada y renovada por la mano de Dios, mientras que otros, más fundamentalistas,  están convencidos de la existencia de la generación espontánea.  

Este documento no pretende demostrar una tesis más que el otro, porque estamos de acuerdo en la existencia de un creador. Sin embargo, hay que aclarar una cosa, porque si Charles Darwin fue, de hecho, demostró la selección natural como el aumento de fenómenos formando parte de la vida y, por extensión, de la naturaleza humana actual en su "Teoría de la Selección Natural" o en sus primeros bosquejos  de "El árbol filogenético", intentó sobre todo no demostrar por una "Teoría de la evolución" que un creador no existe, él, que nunca se proclamó ateo.

Al contrario de esta sabia actitud, mucho de otros que le siguieron utilizaron sus comprobaciones y deducciones para hacer prevalecer su ateísmo, concediendo al azar de la naturaleza el lugar de Dios, reivindicando pertenecer a la teoría de aquello que nunca lo había dicho. En la historia del Darwinismo, el más pérfido sin embargo, es lo que la mayoría de la memoria colectiva conservó de él, y entre otras cosas, que el hombre descendía del mono. No sólo él mismo nunca lo consideré, pero estos son los absurdos que los críticos religiosos de la época intentaron utilizar para desacreditarlo ante los ojos de la multitud, que seguía siendo como viniendo de él.

Nuestro creador no se llama con todo Madre Naturaleza, ya que no ha dejado de dar profecías de las cuales somos espectadores hoy, sobre los resultados de nuestra civilización que lo no quiere de él. ¿Si ellos que dan razones a una forma de “Darwinismo” de la casualidad consideran lo que la madre naturaleza corrige sus propios desequilibrios, cómo pueden explicar lo que ella predice los antes de haberlos constatado? Para los más ancianos de entre nosotros, tenemos todo verano también espectadores de las evoluciones físicas de nuestra propia generación, cuyo tamaño medio se elevó de varios centímetros en algunas décadas. Así que nos vemos obligados a admitir la evolución que se ha hecho durante una sola generación, aunque no hay una evolución genética, sino simples cambios relacionados con las diferencias de sociedades. Esto es fundamental no confundir las modificaciones genéticas estables en varias decenas de miles de años y los cambios visibles en una escala humana.  

 La palabra de Dios se suficiente a sí mismo desde milenios, nos permite pues considerar la verdadera naturaleza humana desde que Dios pudo comenzar a revelarse al hombre por su Espíritu. Podemos así observar la necesidad de una complementariedad entre la ciencia y las religiones, más que una división y un combate encarnizado basado en nuestras presunciones humanas de creer que estamos los solos de poseer la verdad. Estas presunciones conducen a menudo al orgullo, sí mismo generalmente condicionado por el único miedo de perder el prestigio. Esta es la razón por la que como cristianos no querríamos sobre todo empezar una polémica contestatario de los beneficios científicos, que resultaría a la ventaja de algunas religión o recíprocamente. Estas religiones que dan a mucha gente una urticaria gigante del solo nombre de Dios, más que de dar la aspiración.

Aprovecharemos pues de este sitio para agradecer todos estos investigadores y científicos, a todos estos profesores y a doctores de la obra complementaria a la de Dios que pueden aportar a la humanidad entera. No olvidaremos sin embargo las religiones que son a menudo necesarias para parar los impulsos por demasiado carnales de algunos hombres, que sean científicos o no.

En este estado de ánimo nos es entonces fácil percibir cuánto la actitud de un psicoterapeuta se incorpora a la imagen del Pasteur, o de un sacerdote, cuando en motivaciones similares, cada uno intenta hacer resultar el malo “mapa” incrustado a lo sumo profundo de algunos cerebros humanos. ¿El hombre es ciertamente guapo en sí mismo, pero que decir entonces de esta humanidad al aspecto tan miserable, cuando volvíamos en espectadores de todas sus fechorías en el mundo?

Los límites de la ciencia de hoy permiten hacer resultar los componentes de nuestra naturaleza, y es ya enorme, pero no está allí para retirar al hombre su libre árbitro o crearle una nueva identidad de robot. No puede pues transformar nuestro “corazón”, la deontología no permitiéndole. Sería si no implicarse en la vida de otros, y es también para eso que la fe y la ciencia tienen que seguir siendo complementarias.

La fe puede efectivamente tomar el relevo de la ciencia, no porque conoce puesto que la propia definición de la fe contenida en Hebreos 11-1 está: La fe es la constancia de las cosas que se esperan y la comprobación de los hechos que no se ven.

Si pues la fe puede tomar el relevo de la ciencia es que no está tampoco a la imagen de las religiones que dicen conocer a Dios. La fe es el seguro que no conocemos aún lo que estamos garantizados de descubrir con la ayuda del Santo-Espíritu de Dios acompañado de su Palabra. No es el hombre que realiza según sus preceptos para ser agradable a Dios, sino Dios que lo guía a realizar lo que lo vuelve victorioso, y por esta razón solamente la fe es agradable a Dios. Es también por esta razón que todo investigador y todo científico debería tanto más creer en Dios, que espera siempre descubrir algo que presiente, pero no puede aún explicar.

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