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2 - El pequeño cerebro del Corazón


2 – 2 ¿Es posible hoy para concluir que es el resultado de una aptitud al intercambio con dimensión espiritual externo, como lo haría una antena?



La importancia de este pequeño cerebro del corazón es la más fundamental, ya que, como acabamos de ver en el párrafo anterior, una parte integral de nuestro sistema de incentivos o moderación de nuestras emociones (estímulo emocional). Por lo tanto, influye directamente al centro de análisis de nuestros cinco sentidos (tálamo sensorial) en la toma de decisiones por parte de la amígdala, ya sea activar el circuito corto de auto-protección en nuestro cerebro, según los datos que hemos abierto en ésta, dependiendo del contexto encontrado. No debemos perder de vista, especialmente en el nivel espiritual, que este corto circuito ignora nuestro análisis y sentimientos del neocórtex y da la posibilidad a nuestro sólo espíritu de supervivencia unida a nuestra naturaleza más o menos animal según su renovación, así como la parte de nuestros sentimientos ya cargados en la amígdala de este mismo espíritu más o menos corregida por el aprendizaje de la niñez para convertirse en maestros de nuestras reacciones como ya hemos visto en el apartado 1-5.  

Si hasta este punto del informe permanecemos de conformidad con los datos científicos actuales, vamos sin embargo a extrapolar ligeramente con el fin de comprender mejor las funciones de este “Pequeño Cerebro del Corazón” en el mecanismo de puesta en circuito corto.

Si percibimos fácilmente nuestras reacciones vinculadas a la aceleración cardíaca y la puesta en circuito corto del cerebro, vamos a observar ahora al período que precede esta decisión. En situaciones difíciles, que puede motivarnos al conflicto, a la fuga o al pedir socorro, podemos entonces percibir la influencia de este Pequeño Cerebro del Corazón sobre nuestra toma de decisión de actuar. En el lenguaje cotidiano, para definir este período de espera de la acción, utilizamos fácilmente términos como “pero yo tenía el corazón en paz” o también “yo sentía la presión a subir”.

En otras palabras, siempre y cuando damos más confianza a nuestra coherencia cardiaca, que al análisis relacionado con la visual, auditivo, táctil, olfativo o gusto, percepciones, nos mantenemos en la capacidad de no reaccionar y así conservar nuestras capacidades de análisis sujetadas con el circuito largo del cerebro, cuyos forman parte la selección de los datos contenidos en la amígdala, en relación a nuestra interpretación del contexto. Si es así, más allá de los datos cargados en la amígdala, que se componen como la memoria RAM de una computadora mediante el almacenamiento de programas abiertos de nuestro cerebro límbico y nuestros sentimientos relacionados con el contexto encontrado, es por lo tanto el contenido de neuronas en ese Pequeño Cerebro de Corazón que intervendrán como un software más o menos moderador en la decisión de pasar del circuito largo al circuito corto y dejarnos bajo la entera dependencia de nuestras respuestas preestablecidas. La renovación de este programa informático se vuelve entonces predominante en el conjunto de nuestro modo de reacciones, si le concedemos nuestra confianza por la fe.         

Según nuestros conocimientos actuales de la disposición exacta de estas neuronas, bastante poco precisas es verdadero, una cosa seguiría siendo incomprensible si la función de estas neuronas no correspondía a una forma “de antena” eventualmente asimilable a un órgano de “transmisión” entre “espíritus”, es su disposición más o menos parabólica en la caja torácica. Casi podríamos creer, que para una vez, “Madre Naturaleza” se habría equivocado disponiendo este pequeño cerebro de esta manera. ¿Si se trataba efectivamente sólo de administrar la a coherencia cardíaca como el Professeur David Servan-Schreiber demuestra la posibilidad de eso, por qué no instalar éste por ejemplo en un enclave óseo colocado cerca de las costas y el corazón? Su naturaleza hecha de neuronas y no de nervios, así como su disposición relativamente alargada y más o menos parabólica cerca de la columna vertebral, incitarían pues a pensar que se trata de un órgano de “comunicación” todavía no hecho caso.

Un otro fenómeno viene también añadirse en favor de esta teoría, es el campo magnético que emerge de él. Según los datos de "El Instituto de Matemáticas del Corazón" todo indica en efecto que el campo magnético cerca del corazón, vinculado a este órgano es 60 veces mayor en amplitud y 5.000 veces más potente que el emitido por el cerebro craneano.

Hoy en día, cada uno sabe la funcionalidad de una antena que es permitir la recepción o transmisión de ondas de longitud constante emitida de forma remota por otro dispositivo con el fin de ser transcrito en señales visuales o auditivas u otros, utilizables por el hombre.

En el nivel actual de la ciencia y el conocimiento de ella, nada nos permite decir con confianza, si no en nuestras propias percepciones relacionadas con nuestra fe, que se trata de un sistema para garantizar algún tipo de contacto entre los "espíritus". Pero entonces… ¿Cuál sería la función?

¿Sería una forma de “telepatía”? ¡Ciertamente no! ¿Sería un contacto de radio con nuestro Dios, mientras que éste quiere venir a vivir en esta parte de nosotros mismos?

Al intentar no alejarnos demasiado del ámbito científico, al igual que de nuestro código hético El Efecto Bumerán vamos a intentar en nuestro tercer párrafo descubrir una explicación en concordancia con la Biblia.

Valor aproximado medio, del campo magnético humano.

Pasa el cursor sobre la imagen para percibir mejor el efecto

¿No está extraordinario que nuestro campo magnético sea centrado en nuestro Pequeño Cerebro del Corazón?

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