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Continuación del CAPÍTULO 13: Concretamente!


Continuación fase 4 : Vivir en la nube de Dios



¡No caemos en la trampa, ni siquiera por hermosas oraciones que podríamos hacer nosotros mismos, pero sin sinceridad de corazón, como una cosa entendida intelectualmente y no vivida con el corazón. Si reconocemos que la actitud de nuestro corazón no es según la palabra de Dios, sepamos quedar verdaderos, sepamos reconocer que el interior de nuestro corazón no es suficiente purificado y equivocados "asesores" subsisten. ¿Si no actuamos así, estas palabras que hablamos no se harán un juicio contra nosotros mismos, ya que no ponemos en práctica lo que reconocemos cierto?

No diré que es malo o hipócrita hermosas oraciones guiados por el Espíritu de Dios; ojalá precisamente que posiblemente sirven para darnos cuenta de la diferencia de verdad, entre la verdad de Dios y la nuestra.

La dificultad para la persona sincera está para hacer la diferencia entre lo que es en sí mismo, su alma y los espíritus inmundos que la guían todavía, más que el Espíritu Santo. A menudo ella asimilar a estos espíritus inmundos, debido a su propia conducta, está condenando a sí mismo o en otras ocasiones, afirmando la legitimidad de cualquier mala acción, considera legítima en relación con el contexto dado.

Una vez más, el Espíritu Santo está ahí para guiarnos en este camino, para descubrir nuestros propio malos "asesores", ante la palabra de Dios y nuestro comportamiento verdadero. En este examen de conciencia, que ser una vez más puede distinta de la que tomamos como punto de referencia, si podemos ver con verdad, algunas lagunas en nosotros, en comparación con la palabra de Dios, nos daremos cuenta sin embargo, de que no conocemos el camino para convertirse en el ganador de esta dimensión, y que solamente el "buen consejero" puede llevar a nuestra alma al comportamiento justo y sincero.

¿No cree usted que en el ejemplo de un camino trazado en el bosque delante de nosotros, si heríamos perdidos, agotados, muriendo de hambre y sed, completamente desanimados, sin saber dónde ir y qué una persona llega, trayéndonos a beber y comida y nos hace conseguir en un remanso de paz, no tendríamos el corazón eufórico?

Es así por lo tanto, que debemos mirar la obra de Jesús en la Cruz y nos dejar conducir por Él en esta dimensión. Él nos ama a todos de un mismo amor, y esto no es porque le pedimos que bendiga a fulano de tal, que Él no puede o no quiere bendecirnos a nosotros mismos. ¿Cómo podríamos además hacer oraciones buenas reales para los otros, en las cuales nuestra alma participa plenamente, si ésta no está realmente guidada por Dios? Por lo tanto, es para nosotros que en primer lugar, debemos orar para que nuestros motivos sean puros y conformes con la Ley de Dios, sin excluir a nadie. Nos excluimos de hecho fácilmente, fingiendo de creer que nosotros mismos no tenemos una verdadera necesidad, o porque estamos bien, o porque somos demasiado feos para que Dios se digna hacerle su mirada en nosotros. Es todavía una manera que tenemos que dar la razón a Satanás, porque la promesa de Dios es para cada uno de nosotros que acepta humildemente su ayuda. (Juan 14-23) Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.//

¿Por qué razón cree usted entonces que Jesús viene hacer de nuestros corazones a su casa, si no fuera por el diálogo con nosotros que nos llevará perpetuamente?

Abordamos anteriormente el tema, porque para quien es bautizado con el Espíritu, la oración no queda sólo un monólogo recitado delante de Dios o granos de letanías, más bien un diálogo entre la persona y el Espíritu Santo. Es cierto que el Espíritu Santo habla de manera individual a cada uno según una percepción personificada por un susurro suave y ligero. Sepamos por lo tanto estar escuchando Le en todo momento, permaneciendo vigilantes a probar el Espíritu o el espíritu que nos guía. El Espíritu Santo no puede ser ofendido de hecho de ser sometido a la prueba de nuestro Señor Jesucristo, que versa su sangre para el perdón de nuestros pecados, bien al contrario. Esto también demuestra nuestra buena fe a querer seguir a Él y Él solo.

Contrariamente a aquéllos que precedan, son algunos a quienes no les gusta esto en absoluto, pero entonces, en absoluto. Permítanos empujarlos en nombre de Jesús y ordenarles que se callen. No pertenecen más a nosotros, son los malos asesores. Para mejorar el silencio de ellos, así que aspiremos a destruir las raíces de nuestra pecado, guiados en eso por este susurro suave y ligero.

Este susurro, cuando habremos bien diferenciado aquellos que nos incitaban y  nosotros mismos, y que seguiremos en la creencia de la sumisión a Dios, primero en las pequeñas cosas, veremos que su forma nos conducirá de manera sorprendente en el cumplimiento de la palabra de Dios en nosotros y mismo alrededor de nosotros. Cada día un poco más, haremos entonces confianza a Él y es Él que hará mejor a crecer nuestra fe y para ahorrar tiempo.

Por supuesto, deberemos comparar una y otra vez lo que el Espíritu Santo nos llevará a hacer y la palabra de Dios. Uno en realidad nunca irse sin el otro, porque Dios no contradice su Palabra. En estos momentos nuestro entorno entonces no comprenderá necesariamente nuestro nuevo comportamiento, y nos aconsejará el opuesto de nuestra fe. Esto sin duda debe hacernos mirar a dos veces nuestras nuevas actitudes, pero la confirmación de Dios llegará pronto cuando veremos un cambio que se produce en nosotros según su palabra en nuestros corazones. Esta palabra, análoga a la Ley de Dios se aplicara efectivamente como provenientes de nosotros mismos, y sin que tengamos que luchar contra cualquier artimaña que sea, por lo menos más allá de nuestras fuerzas. Ya que hemos comenzado a ver así este proceso actuar en nosotros, sepamos entonces seguir este nuevo consejero. Nos conducirá por ejemplo a pedir perdón de algunos de nuestros errores. Nos permitirá organizar nuestro tiempo de una manera que nos aparecerá todos los días como un milagroso, a tal punto que estaremos abiertos al diálogo con nuestros hijos o nuestros padres para poder gradualmente ir hasta amar a nuestros enemigos, finalmente, a  vivir mejor nuestra vida cristiana. Está allí toda la gloria de Dios, que nos confirma que estamos en el camino correcto, a la que Dios quiere hacernos participativos. Si permanecemos absolutamente sinceros y genuinos, no nos molestamos en ese caso.

Es a partir de este momento que percibiremos rápidamente, que el Espíritu Santo es un gran amigo con quien hablaremos constantemente, en cada detalle de nuestra vida. En esos momentos, quizás va a pasar que el Espíritu Santo habla usted en el sentido donde Él lo hizo para mí en los primeros días de mi conversión, donde Él mismo me había dado este pasaje a leer: (Apocalipsis 7-14/15) Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han venido de grande tribulación, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos.//

Entonces, dirigiéndome a Dios le dije en un profundo despecho: « ¡Señor! » ¿Día y noche? Nunca voy a rezar como día y noche. Señor, ¿cómo es posible? "Te pido perdón, pero no es para mí. '' Yo entendía hasta aquel momento la oración sólo en la posición de ser parado y postrado aunque yo ya sabía que no estaba de las largas letanías.

El Señor me respondió en estos términos: " No es lo que haces ya? ''

Es cierto que hubo sólo un par de semanas tres a lo sumo, que yo venía de vivir las maravillas de mi conversión, y me había juzgado tan ridículo de no creer en Dios, que cuando la gente que me había traído a la conversión me había dicho: "Dios habla", desde entonces yo no tenía se detuvo para hablar, al igual que Marie-Claude además. Yo estaba hablando con él por la noche, cuando me despertaba, me daba cuenta de que estaba tratando de hablar con él, el día, yo estaba dialogando sin cesar, al menos, los días donde no tenía la cabeza al revés, porque estos días también existían. Yo podría casi decir hoy afortunadamente también existían estos días malos, porque estaban allí para hacerme tomar consciencia del trabajo a realizar en mí, me mostraban y me demostraban cómo mis resultados eran diferentes los días de comunión con el Espíritu Santo. Yo tenía cuarenta y dos años y conocía muy bien mis habilidades manuales en el trabajo minucioso como éste que tenía que llevar a cabo, entonces, los días malos, mi trabajo era éste que siempre había conocido, pero los buenos días, los días de comunión con el Espíritu Santo, no sólo estos resultados me sorprendían, pero eran milagrosos a mi nivel, divinos.

Usted comprenderá sin duda cómo esta respuesta a los que yo no esperaba el menos del mundo, pudo sorprender a mí y maravillarme, pero también me dejó atónito. Esto no es nada, que decir Dios es omnipresente, Dios es amor, Dios es..., pero cuando la respuesta de Dios cae con tanto pertinencia, se inscribe en el milagro, del sobrenatural descendido sobre la tierra.

Sorprendido de la respuesta de Dios, comprendí claramente que esta palabra de orar sin cesar, no debía mantener de rodillas en oración día y noche, pero en realidad para llevar esta vida de comunión perpetuo, el "templo" del Espíritu Santo siendo nuestro corazón. Así, yo  tenía ya esta vida de oración, en la actitud de un corazón abierto a Dios, por un diálogo con Dios en cualquier cosa que yo hacía, en cualquier momento, en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia. Es esta comunión que puede trasformar todo. Dios es nuestro padre, podemos esperar nos una respuesta de Su parte. Él es el Dios de la vida, también Él quiere ayudarnos a llevar la nuestra, en acuerdo con Él (Mateo 26 41) Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.//

Naturalmente que debemos tomar tiempo más posible en la oración, digamos tradicional, como Jesús nos enseña Él mismo en (Mateo 6-6) Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.//

Más pasa el tiempo, más pasan los años y más Dios aspira a manifestarse a nosotros, para que vivamos: "EN SU NUBE", en su presencia permanente, como Moisés en la montaña (véase Éxodos. 19). Jesús no quiere llamar nos siempre sus "siervos", pero sus amigos. (Véase Juan 15-9/15).

Jesús quiere llamarnos amigos para que nuestro gozo sea completo, y esto no es sólo para unos pocos privilegiados. La comunión en la presencia de Dios, que poco a poco nos lleva a esta amistad perfecta, que Dios quiere para nosotros y con nosotros. Es así que podemos ser agradables a Él en esta comunión, esta fe en Él. Por esto tenemos que estar "conectado" al Espíritu Santo por nuestro deseo de permanecer informados de él y este pequeño puente que hemos observado en el tablero del estado de los espíritus de la página 180, arriba se baja el punto de encuentro con el Espíritu Santo, entonces estamos en comunión con nuestro Dios.

Es a través de esta comunión, esta fe creciente, también vemos más y más precisamente, nuestro verdadero según nuestro cambio de comportamiento de corazón y la VERDAD de la palabra de Dios. ¿Si fueron iluminados por un proyector muy potente para teatro, cuando se prepara que pasar las fronteras de la luz al negro del pecado, no tomaría usted conciencia? Es eso que vivir en la "nube de Dios". La nube de Dios que guió a los hebreos durante su salida de Egipto fue la columna de humo el día y un fuego iluminando a la noche, con el fin de ser fácil discernir (ver Éxodo 13). No es justo que sólo vivir nuestra vida espiritual a través de la oración en nuestra cámara, o a través de reuniones con carácter cristiano que manifiestan los carismas de Dios. Finalmente conoceremos en estos momentos que nosotros debemos practicar, tal vez tendremos entonces comprensión intelectual, pero esto hará nunca de nosotros de los victoriosos de nuestros errores. Dios quiere llevarnos a discernir la diferencia, el matiz, este pequeño desfase entre la carne y el Espíritu de Dios, allí mismo y al momento mismo donde estamos atrapados por el enemigo de nuestras almas, como Jesús quiere revelarlo a nosotros para hacernos ganador de la tentación.

¿Si vivimos Dios sólo de manera intermitente, en nuestras reproducciones de errores sin duda nos comenzará culpando nos a una y otra vez en las reuniones siguientes, cuando veremos que no nos somos mejorados más ayer que antes de ayer, pero qué diferencia eso hará? Si queremos absolutamente no pecar, si tenemos el deseo verdadero y sincero y que, a pesar de todo, nos caemos sistemáticamente o casi en la irresistible tentación al pecado, al punto de caer más o menos en la aceptación de éste, entonces no podemos decir nosotros verdaderamente liberados. Volvemos a leer, en efecto, lo que el apóstol Paul nos dice a este respecto, (Romanos 7-14/20): Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo con la ley, reconociendo que es buena. Así que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí. Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí.//

Estoy tentado de decir por mi parte, el pecado que habita "todavía"  en mí. El pecado se manifiesta en realidad no siempre por de los actos, de las actitudes externas, pero sin embargo no menos pecado al mismo grado que el acto en sí mismo, porque todavía en nuestro corazón. De donde la importancia fundamental de permanecer verdaderos y honestos para nosotros mismos.

 Mantendremos esta cuarta fase, las principales cualidades cristianas de seguir siendo básicamente verdaderos y sinceros para con nosotros y para con Dios, mientras que no aceptando de vivir fuera de su nube, realizando cualquier situación dada en la comunión y la presencia de Dios, comparando deliberadamente el desfase en nuestras reacciones con la palabra de Dios.


Fase 5: Nuestro trabajo desde "Jacob" hacia "Israel".

 

 

Nunca podemos alcanzar nuestro Canaán, nuestro país de la tierra prometida, si no quedamos manejados perfectamente por Dios, momento tras momento, nos lleva a la luz de su proyector. Sin embargo es una dimensión que el Señor nos pedirá que vivir personalmente para acceder a este Canaán, es nuestra entera disposición para recibir SU BENDICIÓN. Dios no quiere dar su bendición a las personas ambivalentes que darán la vuelta lo pronto después que recibieron la bendición. No es un rechazo de Dios para bendecir nos a todos, pero por el contrario, para no traer la maldición sobre aquellos que mancharía su gracia. Él no quiere que su bendición se vuelva en maldición. Por esta razón que espera de nosotros, nuestra entera determinación para recibir su bendición, sabiendo que está basada en la retirada de cualquier forma carnal en nosotros y en cualquier parte de nuestra alma. Si Dios no actuaría así, no permitiría que reconozcamos el camino del error, y sistemáticamente recaeríamos dentro al día siguiente de su bendición. Por esta razón que espera de parte de cada uno, una determinación igual a la de Jacob, para recibir SU ENTERA BENDICIÓN. Es decir por qué debemos permanecer verdaderas, sino también en algún lugar no relajarse delante de Dios, para no aceptar perder, es decir, dejar la oportunidad a Satanás de obtener victorias. Debemos ser violentos según Dios, como Jacob con el fin de mantenerse firme en el día de la victoria que sería si no fuera por nosotros en la víspera de la mayor derrota.

(Génesis. 32-25/31): Y cuando vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, que raya el alba. Y él dijo: No te dejaré, si no me bendices. Y Él le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y Él dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque como príncipe has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y Él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y le salió el sol pasado que hubo a Peniel; y cojeaba de su cadera.//

Quizás este pasaje aparece a usted en contradicción con todo lo que desarrollamos hasta entonces, en la voluntad de Dios para bendecir a nosotros, sino todo lo contrario. Dios quiere que la gente comprometida con Él, eso no sea por deseos carnales para poseer el mundo, ni siquiera la iglesia más grande del mundo, porque si esta iglesia no está una parte de la iglesia de Cristo, de nada sirve.

Quiere que las gentes comprometidas lo sean para aprovechar el menor de sus beneficios, que se comprometen a destruir cualquier parcela del enemigo en ellos. En la tribulación que ofrece a nosotros, llegar más perfectamente vivir conforme a su corazón, a fin de que heredemos una prenda de un blanco brillante,  para la gloria de Dios solo. No aceptemos perder ninguno de sus bendiciones, ninguno de todos los regalos que adquirió tanto caro por nosotros en la Cruz. Quiere que nuestra alma tenga el blanco brillante de su Espíritu, porque sólo esta dimensión para siempre permanecerá con Él, el resto se quemará en el fuego.

Ésta se encuentra en la santificación llevada por Dios a cada uno de aquellos que desean seguir Le, es decir, en el cierre de puertas carnales de nuestras almas al enemigo según el esquema del estado de espíritus página 180. No es casualidad que Dios nos pide para dicha determinación, pues se actúa más ahora, como en el antiguo testamento, simplemente ser ganadores de nuestros actos malos llamados pecados, sino ir mucho más lejos, en nuestras intenciones y nuestros motivos. Jesús le dice en (Mateo 5-27/28): Oísteis que fue dicho: No adulterarás: Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.//

Por lo tanto, es más que responder por nuestras acciones ante los hombres, sino más bien una dimensión voluntaria de cada uno para ver a sus propios errores, sin esperar a que uno o el otro puede acusarnos de eso. Por mi parte, creo que el Señor lo ve en una regla general el pecado de la intención, con un más malo mirar que el acto en sí mismo. De hecho la persona con este tipo de comportamiento, salvo excepción tal vez, no va a reconocer su condición y por lo tanto, agregará a su pecado la mentira e la hipocresía. De donde, una vez más, la importancia de permanecer verdadero, verdadero, a cien por ciento: Verdadero! Pero con el deseo y el deseo feroz de no pecar!

¿Así que hacer, si a pesar de ello todavía tenemos pecado? Reconocer y reconocer todavía, y arrepentirse ante Dios. Si nosotros causamos los perjuicios para los demás, pedir perdón ante Dios y la persona si es posible.

¡Ah! Por supuesto, esto no es agradable a admitir la existencia de su error, antes de sus amigos o a su propia esposa, especialmente cuando en los minutos anteriores, en toda sinceridad, combatíamos el error de un otro. O incluso cuando en el momento precedente, estábamos tratando de "convertir" nuestra propia esposa, a nuestra propia culpa, como tan a menudo me conseguí hacerlo. Sin embargo, esta es la mejor y única solución para cortar la hierba bajo los pies de Satanás. No diré a usted que es fácil, pero es sin embargo allí que se ganan los partidos. Es de esta violencia que debemos estar resueltos a ser revestidos, porque la fuerza después de la cual el mundo corre, está sólo una debilidad.

Si la persona ofendida recibe esta petición de perdón, el enemigo habrá perdido en todos los frentes, porque para perdonar, se necesita también saber contenerse. Contrario a Dios, nuestra naturaleza, a menudo nos guiaría para preferir la muerte del pecador, más bien que su arrepentimiento, pero la Gracia de Dios es inmensa para el pecador, y lo olvidemos NUNCA. Aquél que busca sus propios defectos, más que a los de los otros, sabe en cuantas situaciones desafortunadas, él mismo se cayó. Esto no puede ser la misma cosa para uno que para el otro, y esa es la razón por la que el enemigo puede usar nos a menudo a fin de que acusemos nuestros propios amigos. No olvidemos, sin embargo, que si el Señor aborrece el pecado, sabiendo que es la causa de nuestra desgracia, está lleno de Amor por el pecador que se arrepiente.

No tengamos en cuanta la dificultad, ni a perdonar, ni para reconocer y arrepentirnos de nuestros pecados, puesto que si queremos que algún día seamos realmente libres, libres para aplicar la palabra de Dios, ese es el precio que tenemos que pagar. La fuerza y la violencia que hacen agarrar nosotros del Reino de los cielos, es tener la humildad de reconocer nuestros errores, nuestro pecado delante de nuestros propios hermanos y lo más importante delante de nuestra propia esposa o esposo y a veces muchos otros. Esta fuerza no está en nosotros, pero Dios puede la dar a nosotros, si somos verdaderamente arrepentidos o si tenemos la voluntad de perdonar dependiendo del sentido en lo que estamos situados. Dios quiere darnos esta fuerza, esta violencia, a nosotros que preguntárselo a Él.

Tal vez nos pondremos así cuando vamos a pedir perdón, que algunos nos conceden el perdón "a penas" y no de corazón y nos critican a quien quiere escucharlos, que somos esto o incluso aquello. Tenga en cuenta si no nos defendemos y aceptamos humildemente, incluso la humillación que será capaz de seguir, Dios no permitirá indefinidamente reinado de la injusticia. Delante de Dios, aseguro a usted que si actúa con razón reconociendo sus errores, prefiero que mil veces estar en su lugar, que a lo de quienes han dicho que con un aire de desdén, que fuiste cada vez más orgulloso o "poseído".

Esto es lo que sugerían algunos fariseos que acusaban a Jesús de echar fuera los demonios por Belcebú, príncipe de los demonios.

El siervo no es mayor que su Señor, y él debe esperar a hacer esto en muchos de los ataques, especialmente por parte de aquellos que rechazan la santificación por ellos mismos, teniendo en cuenta ellos mismos ya llegados, pero reconociendo en los otros, los más malos de los hombres.  

Incluso frente a las injustas acusaciones, debemos estar resueltos aún a no pecar, lo querer, lo querer y lo querer todavía. Si en tales circunstancias, frente a de las personas caídas en una profunda religiosidad, tomamos realmente conciencia, trasportados por nuestras respuestas, hemos dicho una palabra falsa, sólo que a veces por error, no la mantenemos, Satanás sería demasiado feliz. Esta verdad es la verdad de frente a los otros, pero también la verdad de nuestros corazones ante Dios. No permítanos verdades a medias para nosotros mismos. No nos permítanos falsas actitudes, que nuestra inteligencia reconoce, pero que nuestro corazón no vive plenamente. Sepamos ver algunas veces a pesar de toda nuestra buena voluntad, somos conscientes de un desfase, una pequeña deriva de nuestra verdad frente a la palabra de Dios.

Esta pequeña diferencia, que a veces somos apenas conscientes, que tengamos dos días o cincuenta años de la vida cristiana no la enterremos. A menudo parecerá que la imagen distante de un naciente amanecer en nuestro espíritu, pero es sin embargo este parte cuyo Dios quiere hacernos victoriosos. Este desfase, este pequeño derivado, es sólo una parte del enemigo dentro de nosotros, un pecado por el cual un espíritu inmundo todavía nos arrastra en el lado equivocado.

No estoy diciendo "que nos tienta todavía", aunque es en realidad a menudo cierto, pero nos "arrastra" todavía. Nos arrastra, porque todavía tiene los derechos sobre nosotros, no siendo aún fuera de nosotros como está la verdadera tentación. Permanece interna a nuestra alma a través de nuestros malos comportamientos contra los cuales tal vez luchamos con gran obstinación, volviendo a veces incluso amargos contra nosotros mismos y los demás, a menudo hasta conservar ciertas culpas de nuestras malas acciones.  Sin embargo, jamás hemos sido victoriosos según las reglas, según Dios, de acuerdo a Jesús en la Cruz, tras la confesión, arrepentimiento por nuestros pecados, que lleva un día u otro a la victoria sobre la tentación. Este espíritu mantiene sus derechos y nos arrastra en un error, para reproducir actos que no querríamos cometer, palabras que no nos gustaría decir.

Como hemos intentado luchar en contra más fuertes que nosotros, nos quedamos a menudo salidos trasquilados, y sobre todo hemos perdido mucha vida. Nuestro resentimiento puede cubrirse profundamente, como en la imagen de esta piedra en forma de camembert, que enterramos y tomamos cuidado de no dejar salir de nuevo, no dejar a ver por los otros, nos proclamando así liberados. ¿Hipócritas que somos, si hubiéramos sido capaces de superar al enemigo de nuestras almas de esta manera, por qué razón el Señor habría aceptado a dar su vida para lavar nosotros de todos nuestros pecados? ¿Por qué Dios habría dio su hijo en rescate por todos nosotros? ¡No! La victoria en nuestras vidas, llega a la Cruz! La Cruz! La Cruz! Entonces un día por la victoria sobre la tentación!

Cuando habremos aceptado a tomar conciencia de este desfase, la victoria será próxima, si quedamos verdaderos y no buscamos de ocultar nada cuál que sea. La victoria no vendrá de nosotros sino de Dios y no va a esperar si seguimos viviendo felices, aceptando sin embargo la Cruz, sin miedo y sin cualquier negación de arrepentimiento por nuestros pecados, cuál que sea el contenido, el momento y el lugar. La dificultad que generalmente encontramos en este momento es ver según Dios. Cuando vemos pequeña deriva, más o menos importante, en lugar de verlo como el Señor lo ve, es decir, como una futura victoria, nos vamos a sentir nos acusados de la misma manera que si era nosotros que estemos eso. Como si esto desfase era nosotros mismos, mientras que es sólo una parte del enemigo que todavía no hemos superado, un pequeño partido que nos lleva otra vez al error, entonces que no lo queremos. Si efectivamente no queremos eso, vamos a decir que es nosotros mismos?

¡No! Es el enemigo que nos hace cree lo, a fin de que nos escondemos este error a la vista de los otros y la enterremos, sino también para que le conservamos él mismo. Él no tiene la capacidad sobre el cristiano nacido del Espíritu, si no traer nos a confundir le con nosotros mismos, a fin de que no le cazamos, contrariamente a lo que queremos en realidad. Cuando vemos así este desfase, esta pequeña deriva entre la aspiración de nuestro corazón y la verdad de la palabra de Dios, no la miremos como una acusación que no somos aún, sino como una futura victoria de lo que seremos mañana, una victoria de Jesús en nuestras vidas.

¿No cree usted que un zorro cuya la pata se tomaría en las garras de las fauces de una trampa, no tendría odio hacia estas mordazas metales duras que machacaría su desdichada pata? ¿Entonces para nosotros, si nos damos cuenta de la trampa que nos aprisionaría y que aprisionaría a nuestros hermanos y nuestras hermanas, nuestros amigos, nuestros padres, incluso a nuestros enemigos, qué no tendríamos odio por esta trampa? ¿Seguiremos así que confundir a la trampa y el zorro? Seamos astutos como el enemigo es astuto, sepamos a ver en esto su parte, este malo software que él ha desarrollado en nosotros, aunque somos nosotros los que le han dado razón a causa de nuestra naturaleza carnal. Nuestras responsabilidades de le haber seguido permanecen completas, y es precisamente esto que nos asimila aún nuestras almas, no ya trasformadas, al enemigo de nuestras almas. Tomemos entonces el tiempo para sentarnos, poner nos largamente delante Dios, buscar su presencia por el ayuno si es necesario, pero claramente, en por lo menos por la oración.

¿Por qué esto? Para comenzar a medir el camino que pretendemos ir, medir el camino del arrepentimiento, sino también para darnos a discernir allí donde se bifurcan en comparación con la verdad de Dios. A menudo tomaremos conciencia en estos momentos de oración, somos realmente incapaces de cambiar a la imagen exacta de que empezamos a vislumbrar. Incapaces de “hacer” pero también con frecuencia incapaces de “querer”. ¿Por qué esto? En la una mano a menudo humildad falta, es cierto, pero principalmente por el engaño del enemigo que será embaucados nosotros, dejarnos creer que tal o cual conducta es para nosotros fundamental, indispensable y necesario para nuestro propio equilibrio, para nuestra propia supervivencia, estamos en realidad de los seres humanos, y que tal o cual actitud es aún natural. Ciertamente sí, tal vez, porque a menudo emplea incluso las verdades a medias para convencernos de no hacer nuestro paso.

No tomaremos ningún ejemplo concreto, dejando a cada uno su propia perspectiva sobre su propio pecado. Se puede ir en muchos sentidos, ya sea en la sexualidad, hasta el proteccionismo de sus hijos, que retira entonces a Dios los medios para tomarlos en la mano, en diálogo con los muertos, o sea en la avaricia que es una profunda idolatría. El espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil.

Mantendremos de esta quinta fase, esta determinación sin fallo, de estar decidido a toda costa recibir todas las bendiciones de Dios, ni siquiera dejar un ápice al enemigo, manteniendo esta misma determinación sin fallo que ya no al pecado, pero arrepiento nos ante Dios y los hombres cada vez que le reproduzcamos.  Continuar a permitirnos ser desafiada por Dios en nuestras reacciones en desfase con nuestro entendimiento de la palabra de Dios.

Fase 6 - El feliz bautismo del fuego de Dios: La purificación

 

 

¿Por qué feliz? Porque, nada de lo que nos viene de Dios puede ser lamentable y tiene la capacidad de destruirnos, incluso si es lo que puede parecer el peor en el momento. Sus maldiciones aún, no tienen por objetivo de aplastarnos, pero para dar nos conscientes de los beneficios que tenemos para llevar a cabo nuestras vidas con Él. Si es así de sus maldiciones, cuánto más fuertes razones, el camino que Él nos ha preparado en su voluntad, es un camino que es feliz y lleno de agradables sorpresas.

El Señor seguramente pedirá a nosotros que aceptemos perder todo, y aquí viene la ventaja de elegir al buen entrenador. Si hay una cosa que está capaz de darnos, es bien el “querer” y el “hacer” contra el pecado. Sin duda Él nos pedirá una violencia de los más tajantes para recibir esta bendición, pero Él sabe muy bien que, en ciertos límites, somos perfectamente incapaces de manifestar esta dimensión real cuando hay un error que reproducimos durante años sin concebir la posibilidad de separarnos de éste. Ciertamente debemos reconocernos incapaces en TODA HUMILDAD, pero sin embargo aceptar vivir, y ni siquiera se regocijan en la confianza que es Dios que conducirá nos a la victoria y no nosotros mismos. En estos momentos, que entonces aparecen a nuestros ojos como ser tan infelices, puedo asegurar a usted que incluso en invierno, el sudor puede fluir desde el frente de aquél que se encuentra al pie de la pared, y que quiere quedar honesto. Pero si él acepta, el Señor hará de él un ganador. Es a eso que tenemos que mirar en estas circunstancias, los ojos fijos en la meta, de no deja nada a Satanás, ni siquiera un ápice. Obviamente, no ya recopilamos esta "pérdida" como un beneficio, sino como un voluntario novatada, casi un suicidio; Es por eso que en la aceptación de esta "pérdida" interviene sólo nuestra fe, esta confianza que entonces ponemos en Dios y no en nosotros.

Puedo asegurarle que en este contexto vamos a tener absolutamente ninguna gloria de nuestros nuevos comportamientos, al día donde habremos sido capaces de cumplir éstos. ¡Cuánto sabremos por el contrario, que tenemos que ver absolutamente para nada nosotros mismos a eso, y que va toda la gloria a Dios en Cristo Jesús! Este bautismo que podemos llamar "del fuego", en comparación con el primer combate de un soldado en la guerra, es lo que el apóstol Paul nos dice en su carta a Tito (Tito 3-1/5) Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra. Que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres.

Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad, El nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo;// Nada que proviene de Dios, en realidad puede nacer en nosotros y dar buen fruto sin esta fase de purificación que hace tabla rasa la parte correspondiente de nuestra alma, construida previamente en la carne.

¿Hasta ese momento, estaremos escondidos nosotros, por miedo de estar atrapados en la trampa? ¿Seguiremos justificar una conducta desleal? Obviamente estoy hablando de cualquier tendencia desleal que estamos empezando a reconocer.

¡No! Si estamos otra vez perpetrando esta tendencia al error, vamos a seguir pedir perdón al Señor con un corazón arrepentido, pero también a aquellos que habremos causado daño, cuando proceda. Si no tenemos completa comprensión hacia ellos, sin duda no podremos totalmente denuncian nuestras faltas, pero al menos podemos sin embargo pruebas de la verdad y amplitud de miras a la conciliación. La victoria sobre la tentación vendrá en estos momentos, porque nos habremos reconocido por lo menos ante Dios nuestro error, sino especialmente porque nos seremos reconocidos incapaces de superar esta tentación por nosotros mismos. Dado que estaremos llegados a la Cruz tanto como necesitábamos reconocer y pedir perdón de nuestros pecados, pero que tenemos aceptado para vivir y además REGOCIJARNOS DE VIVIR sin cometer este pecado, entonces este pecado será casi bajo nuestros pies.

En el momento de antes de la victoria, creo que esto está donde la mayor dificultad: ¡regocijarse! A menudo también que a este momento preferiríamos matarnos a nosotros mismos, pero también allí donde SIEMPRE arrancamos en realidad una victoria total, incluso si tenemos para eso, que hacernos violencia y obligar a nuestra alma para alabar a Dios. Muchos hablan de un "sacrificio de alabanza", cuando son los brazos al cielo en las reuniones cristianas. Puedo asegurar le, por haber lo vivido, que el verdadero sacrificio de alabanza toma su real dimensión del sacrificio sólo al pie de la pared del pecado, y es por eso que Dios lo aprobó.

En la espera de esto tiempo bendecido de la victoria, nos quedaremos tanto que sea posible, en comunión, en la "Nube de Dios" y es así que un día, en el momento preciso de reaccionar mal, un poco como si estábamos mirando nos actuar, entonces tomaremos conciencia de que este famoso desfase. Nos parecerá entonces tan algo exterior a nosotros esta vez, visto que estamos situados en Dios y que estamos espectadores de nosotros mismos. Es en este instante que vamos a decir a él al nombre de Jesús un gran, NO, como yo lo ordené a este espíritu de hipnosis al día donde me sorprendí a hablar con él. La victoria será adquirida a nosotros, habiendo negado a él la derecha de nos conducir, antes de caer de nuevo en el error en el que una vez más, él quería hacer nos entrar, si no nos estábamos permanecidos en la presencia de Jesús.

En estos momentos de Victoria, a veces hacia delante, a veces después, Dios sigue siendo el maestro, tendremos en general la revelación del nombre del espíritu inmundo que nos animaba, nos empujaba à la falta. En este mismo momento y siempre según la voluntad de Dios, pero a menudo más específicamente, tomaremos también conciencia de la parte de nuestra vida, sacábamos la imagen carnal que nos conducía al error. Que fuera una referencia de los más fundamentales o no, que este error fuera un vínculo o simplemente un espíritu inmundo no predominante, la diferencia será de mínimos, como son de la misma naturaleza.

A través de nuestra aceptación del pecado, como hemos visto, a menudo el vínculo pedirá a nosotros mucho más humildad, porque nos habrá generalmente traídos a los errores que veremos más inconfesables. Pero aparte de eso, cuando el combate se llevará a cabo según las reglas, cada uno habrá recibido ya la autoridad de Dios suficiente para ordenar al enemigo a retirarse, visto que no está él que actúa pero Jesús. Cada uno descubrirá entonces quizás una sana violencia que Dios habrá puesto en él y que no conocía hasta entonces. Si este es el caso descubrirá esta violencia a través de una voluntad sin falla, una sed de vencer, casi como un odio que luego subirá repentinamente contra este espíritu que prevaleció en él y también rápidamente será hasta una gran plenitud. Esta violencia Dios quiere dar la a nosotros no para que nos enfrentamos uno a otro, ni siquiera para que nos reconocemos como de los superhombres, pero bien para que nos demos cuenta de nuestra dimensión y la Suya, para que  crezca nuestra fe en Él y damos las gracias a Él.

A continuación, podremos cantar con verdad (Apocalipsis 1-5/6): Y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre, Y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; á él sea gloria é imperio para siempre jamás. Amén. //

Esta autoridad Dios la da a cada uno de aquellos que reconocen a Jesús Cristo como Hijo de Dios, como fue el caso de Pedro: (Mateo 16-16/19) Simón Pedro respondió: "Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios viviente." Entonces Jesús le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos. "Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las Puertas del Hades (los poderes de la muerte) no prevalecerán contra ella. "Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos."...//

Estos son sobre “piedras” de este tipo y cuya la violencia va en esta dirección, que Jesús quiere construir su iglesia, su cuerpo. La violencia reina en la humildad de trabajar para la liberación de su alma y no en la gloria de cazar de los grandes demonios. Jesús vino para dar vida, la vida en abundancia, ya en nuestra condición humana. Aquél que pasa realmente por allí, no mira más a las faltas de los otros por mejor condenar ellos, si se cayeron o aún caen en las trampas más grandes que aquellos en los que nosotros mismos se caímos. Tomará en cambio humildemente consciente de su dimensión.

Retendremos así para esta sexta fase más milagrosa que humana, esta habilidad de Dios en Cristo Jesús de darnos tanto el “QUIERO” y el “HACER”, si gritamos a él una vez que nuestra capacidad humana está superada; pero que aceptemos y nos hacemos violencia para vivir y incluso ALEGRAR NOS DE VIVIR SIN NUESTRO PECADO, denunciando siempre con determinación sin falla, hasta el NO a  éste, que es LA VICTORIA sobre la TENTACIÓN!

Fase 7: El regreso de la tentación

 

 

No, esto no es una serie de novelas que transcribo a usted, pero la continuación ineludible del camino del nacimiento de nuestra alma a la dimensión del Espíritu Santo en nosotros. Este trabajo puede resultar a veces en una contracción casi milagrosa de todas las fases que vemos juntos, y algunos verán sólo en eso un evolución de pensamientos personales. Sin embargo, es ese milagro, que muchos habrán experimentado sólo un par de veces en sus vidas, sin haber experimentado todos los detalles como fue mi caso, que permanecerán permanentemente comprometidos a Jesús hasta su muerte. ¿Quién sabe si no fuera porque yo estaba peor que otros que el Señor me mostró punto por punto todos los detalles?

Necesitamos ser clara sin embargo, si queremos que el Señor a seguir siendo el guardián de esta parte de nuestra alma reescrita a la dimensión del Espíritu Santo, y no como anteriormente del espíritu inmundo, es necesario que proviniendo de nosotros mismos esta vez, que no regresemos al pecado cuyo tenemos para ser liberados. Será sin que Satanás tenga el derecho de tirar nos por un subterfugio o el otro, porque seremos nacidos en una dimensión capaz de verlo llegar, pero sin que Jesús ya no tendrá que despejar otro milagro que ya registrado nuevamente en nuestra alma. El Señor ciertamente puede defender sólo si nos deseamos caminar con Él y completamente proviniendo de nosotros mismos esta vez.

Vamos a ver tanto más fácilmente llegar la tentación, que no habremos saltado los pasos y que quedaremos conducido por Dios. Dos cosas construirán entonces una nueva fuerza en nosotros, que nos sorprenderán una y otra. La primera, la descubriremos a menudo en cuanto la victoria obtenida, por el sorprendente hallazgo de ganar reacciones en otras partes de nuestra vida, allí donde hasta entonces nos reconocemos incapaces. Un nuevo impulso nacerá luego de estos resultados, un mayor entusiasmo hacia Dios, más aún grande que Le habremos visto actuar profundamente en nosotros. La segunda, la constataremos nosotros mismos, por una forma de falta de interés para reproducir el error, como una cierta indiferencia creciente. No estoy diciendo que la totalidad del pecado le repugnará usted necesariamente ya, pero usted notará un interés descendente de éste a lo largo de las victorias. Necesita quedar claro, una guerra no se gana en la primera victoria, como una montaña no se mueve necesariamente tan pronto como la primera carretilla. ¿Cree usted entonces, que después de esta primera carretilla, nunca podremos encontrar las mismas tentaciones para los mismos errores? Obviamente así, y no será porque no hemos sido ganadores a la primera vez. Todos sabemos cómo se hace una montaña, también si no somos alpinistas. Hay llanuras, valles, barrancos, cañones, acantilados, desplomes, y a veces la cumbre como una aguja. Es evidente que si trabajaríamos humanamente, cargaríamos la primera piedra en forma de camembert, la primera carretilla, el mismo lugar donde tenemos acceso, y está por eso que es importante trabajar con Dios y no por Dios. Antes de esta primera carretilla, el Señor nos habrá hecho trabajar para construir puentes de consolación, de los viaductos de entusiasmo, que van a permitir a nosotros el acceso al lugar que es lo más inaccesible para nosotros, éste mismo que nos traía cada vez en la reproducción del error carnal. Será quizás la cumbre, como esto podrá ser quizás un desplome notorio, y es por eso que desde la primera victoria, tomaremos nosotros un poco menos los pies en las otras piedras en forma de camembert que constituyen nuestra montaña, ésta de un pecado en el que caemos más fácilmente. Éste volverá así cosquillear a nosotros un día o el otro, pero estaremos de más en más fácilmente ganador hasta la última victoria, la última carretilla que verá nuestra antigua montaña lanzarse al mar.

Si una vez más tomamos un ejemplo concreto de varios espíritus inmundos ocultos detrás de los otros, esta vez podemos decir que los celos, ocultado por la condena, ocultada por la ira, ocultada por la hipocresía. Cuando habremos sido ganadores de las dos primeras piedras en forma de camembert, primero dos carretillas de hipocresía y de ira. ¿Crees que la condena se será retirada? ¿Que los celos se serán retirados? No, pero veremos llegar ellos cada vez mejor, sin decir siempre sí al error. La hipocresía también fue quizás el primer espíritu reinando sobre usted por otros intermediarios que no sean los celos, pero será una vez que éste será cazado que los celos podrán algún día ser destacado por el Señor en usted. No podemos premeditar nuestra construcción psicológica y es por esta razón que hay tantos intereses para reconstruir « CON" el Espíritu de Dios.

A lo largo de esta evolución, entenderemos cada vez mejor que las palabras del apóstol Paul en (Efesios 6 10/12) Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza. Revístanse con toda la armadura de Dios para que puedan estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes (gobernantes) de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes.//

Esta es eso, El Efecto Boomerang, esta nueva alegría en las cosas simples como Dios nos da a través de su palabra. Esta alegría que el hombre no conocía hasta entonces y de repente descubre. Nuevas alegrías que él no puede inventar, y que desde entonces Dios puede darle de percibir. Este nuevo amor, esta nueva paz interior, esta nueva comprensión de la palabra de Dios, es en realidad una nueva pequeña parte del corazón de Dios, ese sí mismo se ha desarrollado en el nuestro. Es también por eso qué no puede ser descrito. En cada etapa nos espera una nueva alegría. En cada etapa, una piedra del antiguo caserón, de nuestra antigua construcción, por lo tanto se retira para ser reemplazada por otras dos piedras, como ya hemos visto anteriormente. Aquélla que nos parece, ya nos deleitará porque nos sentiremos limpios como podemos ser después de un buen baño. pero aquélla que vamos a descubrir el corazón de Dios, entonces será no sólo hermosa y maravillosa, pero valiosa para nuestros corazones como las piedras de la nueva Jerusalén cuyo cada uno podrá leer la descripción en Apocalipsis 21, pero también tiene a la imagen de lo que anunció el apóstol Paul en (Efesios 3-14/21) Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra, que os conceda, conforme a las riquezas de su gloria, ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior; de manera que Cristo more por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en amor, seáis capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios.

Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.//

Sepamos aspirar a la santidad, a esta nueva vida de felicidad, antes que nuestro pecado provoca la ira de Dios para con nosotros. Sepamos aspirar a esta bendición para salir de nuestros malos caminos, porque de lo contrario tendremos sólo nuestros ojos para llorar el día de su ira y nuestra ceguera. Así que a pesar de algunos "castigo" que  Dios a veces permitió para abrir a nosotros los ojos, como fue mi caso a través de mi divorcio que experimenté con mi primera esposa, Annette, sepamos decir: "Gracias señor que me dejaste sin embargo la vida por darme la oportunidad de arrepentirme y aceptar vivir en novedad de vida".

Sin importar el castigo que nosotros hayamos podido vivir, no olvidemos nunca que TODO CONCURRE PARA BIEN DE AQUELLOS QUE AMAN A DIOS. Que Él vive en nosotros! Y que esta nueva Jerusalén es nuestro corazón!

Mantendremos así de esta última fase, la imagen de esta alegría equilibrada y vigilante que mantenemos en esa felicidad profunda, que está bien diferente de la que conocíamos antes en las exaltaciones carnales trayendo sólo un vano consuelo efímero. Nos seremos tantos más apegos con esta nueva felicidad, sabemos en lo más profundo de nosotros mismos, que no viene de nosotros, sino de Dios en este nuevo: Nosotros!


Resumen

 

Vamos así reasumir los puntos principales, recordando sin embargo que nada podrá sustituir alguna vez nuestro amigo el Espíritu Santo en nuestra comunión con Dios. Como dije al principio de este libro, cuando venimos a Cristo, que no seamos demasiado ansiosos por entrar en esta dimensión antes de haber adquirido suficiente educación y experiencia. No lanzamos nos, podríamos decir, en la caza de los “demonios”. Sepamos siempre tomar tiempo delante de Dios, porque Él mismo nunca puede ser sustituido por cualquier conocimiento que podemos adquirir. No es sin embargo un método, pero una simple interpelación para no dar sólo razón a una nueva norma como un logro de conocimientos suficientes para renovar nuestra alma desde la dimensión de la carne, por una nueva dimensión del espíritu. Nada realmente bueno puede construirse concretamente en nosotros, si nuestro arrepentimiento a la Cruz no se pasa, y que no hemos sido los ganadores en la tentación de nuestras viejas malas costumbres. Incluso en el último minuto antes del regreso de Cristo, sepamos tomar el tiempo para escuchar al Espíritu Santo, sin precipitar nos, actuando como Caín, para presentar a Dios un alma crecida según nuestro buen razonamiento. Olvidemos nunca en efecto, que tanta hermosa será la cultura, ésta condujo Caín a convertirse en asesino de su hermano Abel, como tan a menudo vemos en muchas de nuestras asambleas, tantas que puedan ser renovadas por el “Espíritu”. Esta prefiguración del modo de trabajo para lograr en nuestra alma, es un ejemplo concreto que tenemos que matar eso que nace de la carne, sin recibir ninguna gloria de la buena cultura que habremos hecho crecer, en riesgo, si no, que nos convertimos en asesinos entre nosotros. Lo que Dios da en retorno a nosotros como un Efecto Bumerán, a cambio del pecado cuyo él nos ha prestado victorioso, es la única dimensión que puede ser agradable para Él, y que producirá en nosotros el buen fruto en un corazón regocijado y feliz, hasta en la vida eterna. 

 

Fase 1 - El error de nuestra naturaleza original

 

 Reconocer que nuestros caminos no son de Dios. Si necesario preguntar Le la convicción.

 

Recuerdo: Concerniente esta primera fase, vamos a mantener así en memoria del hecho que debemos reconocer que nuestros caminos no son en la voluntad de Dios, y que, en cuanto a nuestra buena voluntad, como por nuestros malos hábitos, debemos realmente pedir a Él la convicción de error carnal.

 

Fase 2 - Jesús, Salvador personal y Señor

 

 Aceptar Jesús en su corazón como su Salvador personal.

 Buscar la comunión con Dios en todo tiempo, en todos los lugares y en todas las circunstancias.

 Aceptar Jesús Señor, así en el primer puesto. 

 

Recuerdo: En cuanto a esta segunda fase, mantendremos así en la memoria, que sólo el hecho de situar Jesús como Salvador personal y Señor, en todo momento, en todos los lugares y en todas las circunstancias, nos hará ganadores. Continuaremos a ser sujetos los unos a los otros, pero perderemos de vista que nuestra autoridad personal, conducida oportunamente con el señor, hará crecer nuestra fe y nuestra alma hacia la dimensión de Dios.

 

 Fase 3 – Los bautismos

 

 Reconocer Jesús como Salvador y Señor ante Dios y ante los hombres, bautismo de agua.

 Aspirar al bautismo en el Espíritu Santo, si esto no se lo ha hecho. 


Recuerdo: Vamos a mantener en la memoria de esta tercera fase, el hecho de que si mantenemos Jesús como Señor y Salvador personal, nuestro deseo se disparará para tomar una posición para Él en el BAUTISMO DE AGUA. Así, porque en todas las cosas queremos sinceramente a seguir Le, pronto Él nos bautizará de ESPÍRITU SANTO. Si nos parece que difiere, podemos pedir posiblemente a Dios la convicción de pecado, pero en el caso donde Él nos la da, no la desdeñemos. Nunca olvidemos que Jesús será avergonzado de éste quien se avergüence de Él en su generación.

 

 Fase 4 - Vivir en la nube de Dios

 

 Aspirar a cambiar el comportamiento mientras quedemos VERDADEROS.

 Vivir en la nube de Dios en su presencia permanente en todos los tiempos, en todos los lugares y en todas las circunstancias.

 Esperarse que el Señor muestra a nosotros la diferencia entre nuestra verdad y la suya.

 ¿Querer perder cualquier mala actitud absolutamente y pedir perdón cada vez que caemos en un error que ya lo percibimos como tal.


Recuerdo: Vamos a mantener esta cuarta fase, las principales cualidades cristianas de quedar fundamentalmente verdaderos y honrados hacia nosotros y hacia Dios, sin aceptar de vivir fuera de su nube, realizando cualquier situación dada en la comunión y la presencia de Dios, comparando voluntariamente en nuestras reacciones, nuestro desfase con respecto a la palabra de Dios.  

 

 Fase 5: Nuestro trabajo desde "Jacob" hacia "Israel".

 

Tel Jacob antes que se convierte en Israel, estar resueltos a heredar al cien por ciento de la bendición de Dios.

 No aceptar un error ante Dios, no lo reconociendo como la justicia, no enterrarlo. Si no la vemos sin embargo como una pérdida necesaria, pedir al Señor el 'querer' y el ' hacer ".

 Sentarse y tomarse el tiempo para dejar nos enseñar en la oración y el ayuno de todos los malos actos que perder y los perdones a pedir, en relación con una forma de comprensión de nuestras reacciones en desfase con nuestro entendimiento de la palabra de Dios.

 

Recuerdo: De esta quinta fase completamente humana, mantendremos esta determinación sin falla de querer recibir absolutamente todas las bendiciones de Dios dejando ni siquiera un ápice al enemigo, manteniendo la misma determinación contra nuestro pecado, pero arrepintiendo nos ante Dios y los hombres cuando les reproducimos. Continuar a permitirnos ser desafiada por Dios en nuestras reacciones en desfase con nuestro entendimiento de la palabra de Dios.

 

 Fase 6 - El feliz bautismo del fuego de Dios: La purificación

 

 

 No vivir la culpa de cualquier desfase que sea, pero desear arrepentirse aceptando sin embargo vivir en la ALEGRIA.

 Quedar pendiente de la completa revelación de Dios acerca de lo que conduce nos a un desfase entre nosotros y la palabra de Dios.

 Ser victoriosos de la tentación, diciendo No al pecado al instante precedente éste..

 Liar y cazar el espíritu inmundo, si el Señor nos lo revela, y desvincular nosotros en nombre de Jesús.

 

Recuerdo: Mantendremos así para esta sexta fase más milagrosa que humana, esta habilidad de Dios en Cristo Jesús a darnos tanto el "QUERER" que el "HACER", si gritamos a Él una vez nuestra capacidad humana superada. Pero que aceptamos y nos hacemos violencia de vivir y ALEGRAR NOS DE VIVIR sin nuestro pecado, denunciando lo siempre con tal determinación, hasta el NO, que es la victoria sobre tentación! 

 

Fase 7 - El regreso de la tentación

 

 Aceptar para soportar las consecuencias de nuestras acciones, por lo tanto, la soberanía de Dios.

 No regresar al pecado, una vez que la tentación se vuelta en externa y aparenta inadecuada.

 

Recuerdo: Conservaremos así por esta última fase, la imagen de esta alegría equilibrada y vigilante que mantener nos en esa felicidad profunda, muy diferente de la que conocíamos antes en las exaltaciones carnales trayendo sólo un pasajero vano consuelo. Tendremos muchas ganas de esta nueva felicidad tanto más, que sabremos en lo más profundo de nosotros mismos, que no viene de nosotros, sino de Dios en este nuevo: Nosotros!

 

Yo lo acentuaba hay unas páginas, muchos entran y son siempre entrados en la santificación, siendo solo espectadores del resultado, sin entender el mecanismo real. Por lo tanto no he resumido por numeración en un sentido preciso cada uno de los planteamientos contenidos en las diferentes fases. La orden no es sistemática y siempre debemos dejar la soberanía de Dios.

Podríamos para la mayor parte del tiempo, asimilar estos diferentes umbrales en uno solo por fase, donde todo sucede a menudo en unos segundos, minutos, o horas como máximo.

Debemos sin embargo permanecer ponderados, algunos malentendidos muy profundos, traiga a alguien una lucha de varios año para ser victorioso. No se actúa de un espíritu más difícil a cazar que otros, pero un error que no tenemos el deseo real, el real entendimiento de ser separado nosotros para nuestro bien. No lo queremos así con un verdadero compromiso por nuestra parte, con VERDAD. Aceptamos en eso que Dios nos transforma en su imagen si Él lo quiere, pero sin nuestra participación, sin que nosotros tengamos que rechazar el pecado.

Es sin embargo, fundamental de querer someter se cien por ciento con la verdad y no como una simple aceptación, porque Dios nunca irá en contra de nuestra voluntad. Por esta razón necesitamos la comprensión de nuestro mal comportamiento.

Muchos nos dicen entonces, pero no es difícil entender eso! ¡Eh, sí! Después de eso, es lo que cada uno dice también, pero antes debemos vivir lo...

A Dios, en Cristo Jesús, sea toda la Gloria, en los siglos, los siglos! Amén!

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